Cómo América Latina y el Caribe puede prosperar en una nueva era geopolítica
La competencia geopolítica entre las principales potencias está reconfigurando la globalización. La interdependencia económica, antes asociada con la eficiencia, el crecimiento y la estabilidad, es vista cada vez más como una fuente de vulnerabilidad. Los minerales críticos, la energía, las tecnologías y las cadenas de suministro se están convirtiendo en instrumentos de poder e incluso de coerción económica, mientras que el sistema internacional transita hacia una competencia multipolar y un orden multilateral fragmentado.
Por otra parte, se observa en el mundo un deterioro sostenido de las instituciones democráticas junto con una creciente polarización, mientras que crecen la desinformación y el uso indebido de la inteligencia artificial. Los avances en igualdad de género e inclusión también están bajo presión, al igual que los acuerdos internacionales en materia de acción climática.
El reciente informe Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica, elaborado por la Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, analiza las transformaciones en el orden mundial y formula recomendaciones a la región sobre cómo navegarlas.
Para América Latina y el Caribe, este nuevo escenario presenta tanto riesgos como oportunidades. Aunque no puede controlar las rupturas que están ocurriendo a nivel mundial, la región posee activos que el mundo necesita y que se han revalorizado en el nuevo contexto geopolítico. Por ejemplo, ella posee una abundante dotación de minerales estratégicos, incluyendo el 46% de las reservas mundiales de litio, el 35% de las de cobre y el 23% de las de tierras raras. También es la principal región exportadora neta de alimentos del mundo, alberga cerca de la mitad de la biodiversidad terrestre mundial y un tercio de los recursos de agua dulce del planeta, y cuenta con una de las matrices eléctricas más limpias del mundo.
Además de los recursos naturales, los activos estratégicos de la región incluyen capacidades productivas, talento humano y ecosistemas tecnológicos, al igual que estar libre de armas nucleares y de conflictos entre Estados. Con un mercado de más de 660 millones de personas, la región tiene un importante potencial para desarrollar mercados de mayor escala y cadenas regionales de valor.
Convertir estas fortalezas en desarrollo requiere avanzar en tres ámbitos. El primero es movilizar los activos estratégicos de la región, promoviendo la agregación de valor, la innovación y la transformación productiva. El segundo es fortalecer la gobernanza, las instituciones democráticas y las capacidades del Estado. El tercero es ampliar la capacidad de acción internacional de la región, mediante el reforzamiento de la integración y cooperación regionales, la diversificación de alianzas y el fortalecimiento de las capacidades de análisis geopolítico. Una mayor cooperación regional es especialmente importante, ya que permitiría construir cadenas de valor, ampliar mercados y coordinar acciones en ámbitos como la energía y la infraestructura. Asimismo, en un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias, la Comisión aconseja a los países de la región evitar los alineamientos rígidos y privilegiar alianzas flexibles con aquellos socios con los que se comparten intereses y visiones.
En suma, el principal mensaje del informe es que el mundo cambió y que América Latina y el Caribe tiene activos estratégicos para navegar exitosamente la nueva realidad global. El reto es transformar las oportunidades que esos activos representan en desarrollo y en proyección internacional, a partir de estrategias claras y una concepción más pragmática de la cooperación regional.