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Sesión inaugural del seminario "Financiamiento y gestión de la educación" . Trigésimo período de sesiones de la CEPAL

30 de junio de 2004|Discurso

INTERVENCIÓN DE JOSÉ LUIS MACHINEA, SECRETARIO EJECUTIVO
DE LA CEPAL, 
EN LA SESIÓN INAUGURAL DEL SEMINARIO
“FINANCIAMIENTO Y GESTIÓN DE LA EDUCACIÓN”

DEL TRIGÉSIMO PERÍODO DE SESIONES
San Juan, Miércoles 30 de junio de 2004

 

En primer lugar quiero dar la más cordial bienvenida a las autoridades de educación y de finanzas que hoy nos acompañan en este seminario sobre el financiamiento y la gestión de la educación en América Latina y el Caribe. Estoy  absolutamente seguro de que los debates que se lleven a cabo en el marco de esta reunión serán un aporte de trascendental importancia para el avance en el cumplimiento de los compromisos adoptados en el Foro mundial sobre educación, ratificados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y en el Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe.

Este seminario tiene una especial relevancia. Ha sido organizado conjuntamente por dos instituciones de la Naciones Unidas, la CEPAL y la UNESCO, las dos interesadas en el desarrollo social de la región y, en especial, en la educación de la población de América Latina y el Caribe. Quisiera recordar que hace doce años ambas instituciones presentaron

conjuntamente a los gobiernos de la región, en el vigésimo cuarto período de sesiones de la CEPAL celebrado en Santiago de Chile, el documento "Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad", en el  que se analizaba el renovado papel de la educación en el desarrollo centrado en ese proceso de transformación. Dicho documento fue una fuente de inspiración de políticas y programas que se forjaron al calor de las reformas de los sistemas educativos en muchos países de la región. Dado ese precedente, hoy estamos de nuevo impulsando sinergias entre ambas instituciones, para someter a consideración de los gobiernos una nueva propuesta.

Con la participación de expertos de las dos organizaciones, para esta reunión hemos preparado el documento “Financiamiento y gestión de la educación en América Latina y el Caribe”, cuyos análisis y agenda estoy seguro enriquecerán los debates de esta mañana.

La CEPAL viene planteando desde hace varios años que la educación es la clave de un crecimiento económico equitativo, en especial en una era como la actual, en la que la información y los conocimientos son base del progreso. Según estimaciones de la CEPAL se requiere, como promedio regional, un mínimo de 10 a 11 años de educación formal para contar con altas probabilidades de no caer o no seguir en la pobreza.

La educación juega además un papel fundamental cuando se trata de revertir la reproducción intergeneracional de la pobreza. Como ha quedado ampliamente comprobado, el nivel educativo de los padres, especialmente de las madres, tiene gran repercusión en el rendimiento escolar de los hijos. Por lo tanto, mejorar el nivel educativo de los padres tiene efectos positivos en el desempeño educativo de los niños y niñas de las futuras generaciones, por lo que contribuye a poner fin a los patrones de reproducción intergeneracional de la pobreza en nuestra región, o por lo menos a aminonarlos.

Los objetivos de la educación superan el concepto de “capital humano”. Educar es determinante del desarrollo democrático, de una ciudadanía sólida y, en términos más amplios, de realización personal. Las democracias ya no descansan exclusivamente en un tipo de economía o institucionalidad política, sino también en el uso ampliado del conocimiento, la información y la comunicación, capacidad que se adquiere a través de una educación de calidad.

En nuestra región, el sistema democrático coexiste con la pobreza y la desigualdad, fenómenos que lo debilitan. El gran desafío es reducir estas dos lamentables características que han acompañado nuestro desarrollo, con miras a superarlas definitivaente. Debemos construir una sociedad cuyos miembros, además de consolidar sus derechos públicos, puedan aspirar a ejercer efectivamente la ciudadanía civil y social, y la educación es fundamental para lograrlo.

En resumen, sin educación será muy difícil tanto romper el círculo vicioso de la pobreza y la desigualdad como generar verdaderos procesos de cohesión social y de ciudadanía.

En el documento que hemos preparado conjuntamente con la UNESCO para esta ocasión se evalúan los avances logrados y las deudas pendientes en lo que respecta a la cobertura educativa por niveles, la gestión del sistema educativo a través de las reformas emprendidas durante la última década y la inversión en educación.

No quiero dejar pasar la ocasión sin señalar que a comienzos de esta década había en la región más mujeres que hombres matriculadas en la enseñanza secundaria y terciaria.

Obviamente, esto no resuelve los múltiples problemas de igualdad de género que todavía subsisten, pero es un paso sustantivo en ese sentido.

Del análisis de logros y deudas se desprende que el camino a recorrer debe combinar el aprendizaje de la experiencia en materia degestión con un mayor esfuerzo para recabar recursos para el sector. En síntesis, se trata de darle un segundo ímpetu al esfuerzo de los países por hacer de la educación una palanca decisiva para el desarrollo.

Si bien durante la década de 1990 el promedio regional de gasto público en educación aumentó alrededor del 1,1% del PIB, un increment alto si se lo compara con el aumento en el sector salud, es aún insuficiente en relación con lo que se requiere para traducirse en una mayor igualdad de oportunidades y responder a las nuevas demandas de información y conocimiento que impone el desarrollo productivo en economías abiertas. En materia de gestión, las reformas han contribuido a un uso más racional del gasto, para que los recursos lleguen a donde tienen que llegar, vale decir, a las escuelas. Sin embargo, de acuerdo con pruebas estandarizadas, el nivel de aprendizaje efectivo todavía deja mucho que desear.

Los principales desafíos pendientes son el acceso universal a la educación y la continuidad en los ciclos educativos, la calidad, la equidad y la eficiencia. Estos cuatro pilares deben consolidarse durante los próximos años para incrementar sustancialmente la eficacia y el impacto social de la educación.

El cumplimiento de las metas educativas establecidas por los gobiernos de América Latina y el Caribe de universalización de la educación preprimaria y el ciclo primario, la elevación a un 75% de la cobertura del nivel secundario y la erradicación del analfabetismo en los adultos, requieren tanto un esfuerzo financiero adicional como una mejora significativa de la gestión de la educación. No se trata simplemente de disponer de mayores recursos.