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Marginalidad e integración social en Uruguay

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Autor institucional:
  • NU. CEPAL. Oficina de Montevideo
  • PNUD
  • Uruguay. Oficina de Planeamiento y Presupuesto
Signatura: LC/MVD/R.140/REV.1 62 p. : tabls. Editorial: CEPAL septiembre 1996

Descripción

En el panorama latinoamericano, Uruguay se destaca por su igualitaria distribución del ingreso, la solidez de
su democracia y su nivel de integración social. En la última década, la opinión pública contribuyó a encender
luces rojas advirtiendo sobre señales de fisuras en dicha integración que enrarecen la convivencia ciudadana.
Con el objeto de proveer antecedentes útiles para el diseño de programas efectivos de apuntalamiento del
tejido social, este documento rastrea algunos de los determinantes más inmediatos de esas fisuras e identifica
acciones que pueden ayudar a cerrarlas.
Las fisuras se manifiestan a través de comportamientos marginales, esto es, comportamientos que
no se rigen por los patrones socialmente aceptados. El esquema que se utiliza en el texto para dar cuenta de
porqué surgen tales comportamientos pone énfasis en los desajustes entre metas culturales, estructuras de
oportunidades para alcanzar las metas y formación de capacidades individuales para hacer uso de tales
oportunidades.
Una premisa central del esquema es que los determinantes de comportamientos marginales van
sumando sus efectos de manera cíclica a lo largo de las etapas de la vida individual y de generación en
generación. Se postula que dado ese carácter cíclico, toda decisión de prioridades en el ataque a las
situaciones de marginalidad es altamente ineficiente sin una mirada de conjunto. De allí se deriva que el
diseño de una política social integrada que busque recomponer los vínculos de los marginales con la
sociedad deberá cubrir al menos tres pasos: i. componer el cuadro más completo posible de situaciones de
marginalidad a lo largo de la vida; ii. descubrir en cada etapa las condiciones que favorecen la acumulación y
consolidación de marginalidad y iii. identificar puntos de intervención que, por su relación costo beneficio,
resulten cruciales para romper los eslabones que hacen posible la acumulación individual y la reproducción
intergeneracional de situaciones de marginalidad.
El documento focaliza en las diferencias entre pobreza y pobreza marginal, no porque se asuma que
la marginalidad se agota en la pobreza, sino porque es allí donde se concentran las formas de marginalidad
de mayor costo individual y social. Se postula que el elemento clave de la diferenciación es el capital social,
en cuyo debilitamiento intervienen principalmente la desarticulación familiar, y procesos de segmentación
como la segregación residencial, cuyo extremo son los asentamientos precarios, y el deterioro de la función
integradora del sistema educativo.
Una primera parte discute el cambio en la frecuencia y nivel de violencia de los comportamientos
delictivos como señal de fisuras en la sociedad. Se analiza la relación entre las variaciones en los delitos y en
el sentimiento de inseguridad de la población, destacando la posible incidencia de un mecanismo perverso
por el cual la criminalidad alimenta la inseguridad y ésta, a su vez, genera conductas que debilitan el tejido
social.
A continuación se examinan las peculiaridades de la marginalidad en el Uruguay de hoy,
distinguiéndola de la pobreza así como de formas de marginalidad que afectaron a la región en décadas
pasadas. Se señala que uno de los motores de la marginalidad actual es un desajuste entre metas, medios y
capacidades para hacer uso de los medios. En particular, se subraya la importancia de un desajuste entre la
estructura productiva y la estructura familiar. Tal desajuste se refleja en un debilitamiento de la capacidad de
las familias para proveer los activos que necesitan las nuevas generaciones para incorporarse a los canales de
movilidad social de la sociedad moderna.
Posteriormente se discute la relación entre familia, marginalidad y comportamientos delictivos,
utilizando para ello datos sobre antecedentes familiares de los menores que ingresaron al Instituto Nacional
del Menor (INAME); por "Infractores" o por "Inconducta social". Las conclusiones de ese análisis apuntan a
la importancia de las formas inestables e incompletas de familia, por lo que se investigan dos factores
asociados a esos fenómenos: los cambios en la sexualidad adolescente y la renuencia de los varones jóvenes
de estratos bajos urbanos a constituir nuevos hogares.
Por último, se argumenta que los procesos de segregación residencial y de segmentación en los
servicios, en particular en la educación, refuerzan las tendencias a la marginalidad.

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