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Sostenibilidad energética en América Latina y el Caribe: el aporte de las fuentes renovables

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Autor institucional:
  • German Agency for Technical Cooperation
  • NU. CEPAL
  • NU. CEPAL. División de Recursos Naturales e Infraestructura
Signatura: LC/L.1966 72 p. : diagrs., tabls. Editorial: CEPAL octubre 2003

Descripción

Resumen En 2010, la matriz energética de los países de la región debería mostrar una participación mínima de 10% de fuentes renovables en la Oferta Total de Energía Primaria (OTEP). Así lo estipula la Iniciativa Latinoamericana y Caribeña para el Desarrollo Sostenible, presentada y aprobada en la Primera Reunión Extraordinaria del Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, Johannesburgo, agosto de 2002. El objetivo de la Iniciativa no se orienta a penalizar a los países que tienen condiciones naturales menos favorables en términos de sostenibilidad energética, sino más bien a promover una mayor participación de las fuentes renovables en el ámbito regional y global. Para ello, además de los esfuerzos propios de cada país, podrían alcanzarse resultados de tipo regional y subregional, promoviendo actividades conjuntas en ciertos campos como: i) el intercambio tecnológico; ii) la cooperación para la asistencia a comunidades aisladas; iii) el entrenamiento y capacitación; iv) el agrupamiento de matrices energéticas para alcanzar las metas mínimas; y v) el desarrollo de métodos de contabilización y mecanismos de intercambio de certificados de energías renovables. La discusión conceptual sobre la renovabilidad y la "sostenibilidad" de la energía es un tema de amplio debate. La posición adoptada en el presente documento identifica la renovabilidad como atributo de la fuente, mientras que la sostenibilidad es un atributo de la forma en que se la utiliza. Por ello, para determinar el estado al año 2000 del aporte de las fuentes renovables a la OTEP, fue necesario establecer criterios comunes a los países estudiados, tratando de sustraer de la categoría de fuentes renovables a aquella fracción no sostenible de la energía proveniente de recursos forestales cuya tasa de extracción supera la de regeneración natural, dando lugar a procesos de deforestación. Los resultados alcanzados en este trabajo muestran que el aporte de las energías renovables varía ampliamente de país en país, de manera casi independiente de su desarrollo relativo y en menor medida de su dotación en recursos energéticos no renovables. La realidad de la OTEP y de las problemáticas energéticas en países como Argentina, país autoabastecido y exportador marginal de hidrocarburos, es muy similar a la de los grandes exportadores como México y Venezuela. A su vez, resulta obvio que estas situaciones sean diametralmente opuestas a las de países importadores, pero aun en el caso de estos últimos es sorprendente la diferencia entre Haití, Honduras y Guatemala con respecto a Uruguay y Costa Rica, por ejemplo. El Índice de Renovabilidad de la OTEP calculado señala que ya en 2000 había países por debajo de la línea del 10% —como es el caso de Argentina y el conjunto de países del Caribe que aquí se agrupó como subregión 1 (Barbados, Suriname, Guyana, Grenada, Trinidad y Tabago). Mientras que otros tienen que realizar un importante esfuerzo si quieren mantener la meta de la Iniciativa. Así, aquellos países que se presentan dentro de la banda del 10% a 20%, como son los casos de Chile, Ecuador, México y Venezuela, deberían actuar en forma decidida para mantener la fracción actual de participación de renovables en la OTEP. Un tercer grupo depaíses que presentan un riesgo menor está constituido por Bolivia, Colombia, Guatemala y Panamá. Además, en El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras y Nicaragua el papel de la dendroenergía en la OTEP es trascendental y si, por una parte, en términos de desarrollo sostenible, resulta sin duda positivo, ya que indica una débil utilización de combustibles fósiles, por otra es claramente negativo, a causa del fuerte impacto sobre los recursos forestales nacionales y la calidad de vida de los usuarios. Por el contrario, en los países donde la utilización de la biomasa para fines energéticos, como en Argentina, Ecuador, México y Venezuela, es casi marginal, podrían existir problemas de sostenibilidad debido a la fuerte utilización de combustibles fósiles a nivel del consumo final industrial y residencial, y el consumo intermedio en la generación eléctrica. En estos países se observa que los hidrocarburos representan entre 80% y 90% de la OTEP. Existe finalmente una categoría de países con problemáticas mixtas, como es el caso de Cuba que utiliza muchas fuentes renovables pero en procesos de combustión poco eficientes; República Dominicana y Panamá, que registran una baja eficiencia en la transformación térmica de los combustibles fósiles importados; Chile y Uruguay, países dependientes casi exclusivamente del petróleo y la hidroenergía. Fuera de toda categorización se ubican sólo dos países que en la OTEP presentan más del 90% renovable no ligado a la leña y menos del 2% de dependencia petrolera: son los casos de Paraguay, basado en su recurso hidroenergético, y Costa Rica, país que demuestra tener la más completa y equilibrada composición de renovables de toda la región. De hecho, en la OTEP de Costa Rica se encuentra una importante participación de geotermia, hidroelectricidad, productos de caña, dendroenergía y energía eólica. Un elemento básico para entender los resultados de Costa Rica es que la dependencia de hidrocarburos se manifiesta a partir de la importación de derivados, debido al cierre temporario de la refinería, y no se mide por medio de la OTEP. Aparte de esta apreciación y posicionamiento general de los países con relación a la Iniciativa, que no es más que una fotografía de la situación al año 2000, surgen otros ejes de análisis que interesa indagar, ya sea por las implicancias a mediano plazo de ese posicionamiento como debido a la composición y estructura de la sostenibilidad de la OTEP. El Índice de Sostenibilidad Residencial (ISR) informa sobre la importancia de la leña en el abastecimiento de los requerimientos calóricos básicos de las familias, principalmente para cocción, calefacción y agua caliente. Un alto ISR significa no sólo que el país es fuertemente dependiente de la leña para satisfacer las necesidades de la población, sino que debería profundizarse el análisis por medio de un estudio específico sobre la "porción sostenible" de la leña utilizada, por cuanto en la región se presentan situaciones muy diversas desde el punto de vista de la tecnología de combustión de la leña y sus condiciones de uso, que afectan a su eficiencia energética y a sus efectos negativos en la salud. El ISR también ofrece una lectura de los matices sociales, con respecto al nivel de pobreza de la población en general, y el acceso de la población en áreas urbanas marginales y rurales a fuentes de mayor calidad, asociadas por lo general a un costo monetario superior, pero también a un mayor rendimiento y eficiencia, un menor tiempo dedicado al acopio de combustible y niveles más bajos de contaminación intradomiciliaria. Los países que presentan un ISR inferior a la línea del 40% son grandes consumidores de hidrocarburos secundarios y podrían presentar un consumo de energía útil per cápita superior —por tanto, un mayor nivel de satisfacción de los requerimientos básicos para uso calórico— al del resto de los países. Por otra parte, países con índices superiores al 60%, como es el caso de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua en Centroamérica; Chile, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú en Sudamérica; y Haití en el Caribe, generalmente muestran no sólo una excesiva dependencia de la leña, sino una falta de acceso a energías más eficientes y de mayor calidad. Otro indicador que mide en cierta forma grados de sostenibilidad de los sistemas energéticos es el de Generación Eléctrica Contaminante (IGC), medido por la cantidad de CO2 emitida en relación con la producción total de electricidad (Tn CO2/GWh). Si se cuantificara económicamente este indicador, mediría el costo ambiental de producir una unidad de energía eléctrica. Costa Rica, Brasil, Paraguay y Uruguay son países relativamente más limpios en su proceso de generación de electricidad; en el caso de los últimos tres países, el bajo índice obedece únicamente a la fuerte dependencia hidroenergética. México, Nicaragua, Bolivia, Guatemala y República Dominicana demuestran poseer una generación particularmente contaminante en términos de emisiones de CO2. En el caso de México y Bolivia, esto se debe al rol predominante de los hidrocarburos en la OTEP; en los otros países, ese rol es menor —aunque siempre superior al 20%— y se asocia evidentemente a un proceso menos eficiente de la generación térmica y por lo tanto también más contaminante. Como se expresó anteriormente, el objetivo específico del presente documento fue realizar un análisis sobre la sostenibilidad de la energía primaria al año 2000. Es decir, se intentó retratar la situación a dicho año, obteniéndose conclusiones positivas en algunos casos e interrogantes en otros. Queda pendiente tratar esta problemática en un análisis no estático, sino dinámico. Esto es, proponer un conjunto de escenarios posibles por el que transitarían los países de América Latina y el Caribe y observar los condicionantes nacionales, subregionales y regionales para que aquellos países o subregiones que no cumplen la meta de la Iniciativa Latinoamericana implementen políticas que los acerquen a ella. Y que aquellos que la cumplen, pero que corren el riesgo de incumplirla, redireccionen sus tendencias y políticas hacia un desarrollo sostenible del sector energético. Para esto quizá resulte importante realizar en el futuro inmediato estudios que profundicen en: i) las fracciones de renovabilidad de las diferentes aplicaciones de la leña (sobre la base de la metodología propuesta por Brasil) en países seleccionados. Se debería focalizar en aquellos países que presentan una fuerte dependencia de la leña en su abastecimiento energético y pueden mostrar altas participaciones de dendroenergía no sostenible; ii) los problemas y obstáculos existentes en la aplicación de políticas de promoción y en el fomento de iniciativas que promuevan las energías renovables en países seleccionados; y iii) las condiciones de entorno, de tipo regulatorio y económico necesarias para la penetración de las tecnologías modernas de energía eólica, fotovoltaica, geotérmica y combustión de residuos urbanos.""

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