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Huella de carbono, fuente de oportunidades competitivas para América Latina y el Caribe

Desde 2012 la CEPAL ejecuta un proyecto que busca mejorar la capacidad de los sectores exportadores de alimentos de América Latina y el Caribe, que ya abarca a 14 países de la región.

2 de julio de 2013|Noticia

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Foto de corte de madera en un bosque
Foto: Corantioquia/Flickr

La huella de carbono no solo es una eventual amenaza para el comercio internacional de América Latina y el Caribe. También puede ser fuente de oportunidades competitivas. Así lo demuestran los resultados preliminares del proyecto sobre huella de carbono y exportaciones que desde 2012 ejecuta la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL, con el apoyo de la Cuenta del Desarrollo de la Naciones Unidas.

Para los empresarios de los países que participan directa o indirectamente en este proyecto (Colombia, Ecuador, Nicaragua, República Dominicana, Argentina, Perú y Uruguay), la denominada "agenda positiva" del cambio climático, que apunta a la sostenibilidad de los negocios, es tan importante como la posibilidad de enfrentar posibles barreras y requisitos ambientales en los mercados de los países industrializados.

A nivel mundial, el uso de combustibles fósiles es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. En la región, por el contrario, encabeza la lista el cambio en el uso del suelo (deforestación), 47% del total, seguido del sector energético (25%) y la agricultura (20%).

Este patrón de emisiones representa un riesgo potencial para el sector agroexportador, ya que su participación en las emisiones totales es relevante en la medida que incluyen emisiones por cambio de suelo y agricultura, además de energía, transporte e industria.

Justamente los objetivos del proyecto de la CEPAL son mejorar la capacidad de los sectores exportadores de alimentos de América Latina y el Caribe para cumplir con los procedimientos y normas establecidos por los países desarrollados, especialmente en torno a las emisiones de carbono, buscando preservar la competitividad en esos mercados y reforzar las capacidades de los gobiernos y exportadores de alimentos para adaptarse a los requisitos del cambio climático.

Inicialmente esta iniciativa se desarrolló en cuatro países (Colombia, Ecuador, Nicaragua y República Dominicana), teniendo como contraparte nacional a los organismos de promoción comercial. Pero ante la demanda de distintos países, el proyecto ha extendido sus actividades a Argentina, Perú y Uruguay. Posiblemente, en el futuro próximo, también sea implementado en Brasil y Honduras.

Las investigaciones muestran que en la mayoría de los casos abordar en serio la huella de carbono mejora la sustentabilidad del negocio, aminorando o retardando los efectos del cambio climático.

También permite detectar y corregir ineficiencias en los procesos productivos, aumentar la eficiencia energética y mejorar el manejo de residuos, la gestión del agua y la trazabilidad. Adicionalmente, se logra una diferenciación competitiva en los mercados más exigentes, elevando el precio unitario del bien exportado. Todo esto mejora las posibilidades de participar en cadenas de valor más exigentes o de ascender en la jerarquía de los eslabones de tales cadenas, mejorando competitividad.

No obstante, en el marco de este proyecto la CEPAL percibe marcados rezagos en las políticas públicas regionales. Ministerios o agencias públicas muy débiles, presupuestos simbólicos y ausencia de atribuciones sustantivas es el escenario que predomina en muchos países de la región. Aunque también se ha detectado un conjunto relevante de buenas experiencias en varios países, básicamente emergiendo desde el mundo empresarial, que exigen un diálogo público-privado más fecundo.

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