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A 30 años de la crisis de la deuda, la región tiene un acceso de mayor calidad y menos costoso al mercado internacional de bonos

Estudio de la CEPAL repasa la evolución del financiamiento externo de América Latina y el Caribe a partir de 1982.

5 de marzo de 2014|Noticia

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Foto: EFE/Leo La Valle

A 30 años de la crisis de la deuda desatada en 1982, América Latina y el Caribe tiene un acceso de mayor calidad y menos costoso al mercado de bonos internacionales, que es la segunda fuente de financiamiento externo después de la inversión extranjera directa (IED), según constata un nuevo estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El documento, titulado La montaña rusa del financiamiento externo: el acceso de América Latina y el Caribe a los mercados internacionales de bonos desde la crisis de la deuda, 1982-2012, refleja que en el bienio 2010-2011 los flujos de bonos hacia América Latina y el Caribe registraron un promedio de 78.960 millones de dólares, lo que supone un fuerte aumento con relación a los promedios anuales de 15.050 y 15.730 millones de dólares en los años 1990-1999 y 2000-2009, respectivamente.

Como el título sugiere, este período de treinta años ha estado marcado por altibajos en los que se alternaron momentos de optimismo y de crisis.

El estudio compara la coyuntura actual con la vivida a principios de la década de 1980 cuando, después de tres décadas de crecimiento, los países de América Latina se enfrentaron a una seria crisis relacionada con el rápido aumento de la deuda contraída con los bancos acreedores en los años 70 y con el deterioro del escenario económico mundial.

La recesión internacional redujo los mercados de las exportaciones e hizo bajar los precios de los productos básicos, mientras que las políticas monetarias restrictivas en los países industrializados forzaron al alza las tasas de interés a escala mundial y aumentaron la carga real de la inflada deuda de América Latina.

A partir de 1982, la proporción de préstamos de bancos comerciales descendió bruscamente, mientras que el crédito oficial procedente de fuentes bilaterales y multilaterales aumentó de forma considerable, pero esto no fue suficiente y la salida neta de capitales fue tan alta que obstaculizó seriamente el crecimiento de la región, explica el informe.

Ya desde 1983, los bancos comerciales comenzaron a desarrollar un pequeño mercado secundario para negociar préstamos soberanos que cobró mayor ímpetu en 1986 y 1987, cuando se permitió a los acreedores intercambiar deuda de los Estados por acciones en empresas de propiedad pública o de otro tipo, o por activos locales.

En la década de 1990, el elevado potencial de crecimiento y los altos rendimientos en la mayoría de los países de la región, así como la tendencia a implementar reformas económicas y políticas atrajeron progresivamente a los inversores, pero los flujos de bonos hacia América Latina, de los que dependía en gran medida el crecimiento, se caracterizaron por ser altamente volátiles.

Se produjo entonces una oleada de crisis financieras que comenzó con la devaluación del peso mexicano en 1994 y concluyó con la cesación de pagos de la deuda argentina en 2001.

Esta crisis llevó a una depreciación real de los tipos de cambio en la región que supuso un estímulo para las exportaciones, lo que, junto al favorable contexto internacional, se tradujo en importantes superávits de cuenta corriente. Unido a una gestión fiscal más prudente, esos superávits permitieron disminuir el porcentaje de deuda externa y reducir la vulnerabilidad de los países de la zona.

Según se explica en el documento, entre 2005 y 2010, el buen desempeño de los mercados de capital de América Latina, junto con la abundancia de liquidez en los mercados mundiales, permitió una reducción considerable de los márgenes de riesgo respecto al decenio anterior.

Además, la deuda se emitía en un espectro de divisas más amplio; la calidad del crédito había mejorado sustancialmente y la deuda externa de América Latina y el Caribe atraía a una base de inversores más amplia y diversificada.

Pero el informe subraya que, a pesar de la experiencia y los progresos logrados durante este período, el acceso al financiamiento externo de la deuda no es universal, la vulnerabilidad a los choques externos sigue siendo una amenaza y no se han producido cambios en la estructura productiva de la región.

Esos cambios estructurales deben estar en el centro de un proceso de crecimiento a largo plazo para que la igualdad sea una realidad, y obtener un acceso más amplio y más barato a los mercados internacionales puede ser fundamental para allanar ese camino, concluye el estudio.

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