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Conmemoración de los 100 años del Lateinamerika Verein

Intervención de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

6 de julio de 2016|Discurso

Intervención de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, con ocasión de la conmemoración de los 100 años del Lateinamerika Verein

6 de julio de 2016

Berlín

Alemania

Dr. Frank-Walter Steinmeier, Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania,

Mr. Bodo Liesenfeld, Presidente del Directorio del Lateinamerika Verein,

Embajador Dieter Lamlé, Director Regional para Latinoamérica y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores,

Carolina Chimoy, presentadora de la Deutsche Welle, y nuestra moderadora en esta ocasión,

Socios del Lateinamerika Verein,

Señoras y señores invitados,

Amigas y amigos,

Es un placer y un honor compartir con ustedes esta ocasión singular, la conmemoración del centenario de la Asociación Empresarial para América Latina, el Lateinamerika Verein. Gracias por invitarnos a ser parte de este hito de nuestra historia compartida, gracias por su interés en escuchar, cuando cumplen su primer siglo de vida, la voz del Sur, la voz de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Socios y amigos de esta asociación, reciban nuestro saludo fraterno por intermedio de su presidente, Mr Bodo Liesenfeld.

Vaya también nuestro abrazo al pueblo y al gobierno alemán, a través del Ministro Steinmeier.

Alemania no solo está en nuestros afectos, no solo ha escrito páginas importantes de nuestra biografía como continente, a través de sus creadores, sus científicos, sus empresarios. Alemania es además parte integrante de la propia CEPAL, de la que es Estado miembro pleno desde 2005. Con toda propiedad, nos sentimos aquí, en Berlín, como en casa propia.

Amigas y amigos, encaramos hoy una vertiginosa época de cambios, en verdad y más bien, un cambio de época. Las tendencias mundiales dominantes en la economía y en la sociedad exacerban las contradicciones de un estilo de desarrollo que se ha vuelto insostenible. Vivimos cambios tectónicos. La irrupción de China, los megaacuerdos comerciales, el Brexit, el cambio demográfico y la migración, la crisis ambiental y la revolución tecnológica están transformando la economía, el mundo del trabajo y la sociedad mundiales, redefiniendo la posición de los países y alterando el balance de poder entre los bloques, así como entre las economías desarrolladas y el mundo emergente.

Enfrentamos además un escenario económico mundial será menos favorable en los próximos años, con tasas de crecimiento del PIB global menores que los promedios de las décadas anteriores. La tasa de crecimiento del PIB tendencial mundial real cayó del 5,4% en el período 1961-1969 al 2,9% en 1990-1999, y en la última década a menos del 2,5%. Este bajo crecimiento se debe por una parte a la pérdida de dinamismo de sus motores: la inversión, la productividad y, más recientemente, el comercio, pero por otra a la creciente desigualdad que afecta negativamente a la demanda agregada, así como también a una abundante liquidez que se deriva a activos financieros y no se invierte en el sector real, agudizando las asimetrías globales.

Estas tendencias se observan marcadamente en los países desarrollados. Este año, se espera que Estados Unidos crezca en torno a un 2.5% y la Eurozona alrededor de 1.5%, sin incorporar aún los efectos que derivaran del reciente Brexit. Si bien las economías emergentes, sobre todo China e India, han sostenido tasas elevadas de crecimiento, no han sido capaces de tomar el relevo y transformarse en el pivote del crecimiento mundial.

Asistimos a la evidencia del aumento sin precedentes de la desigualdad global en las últimas décadas, donde 62 personas concentran la riqueza equivalente a 3500 millones de personas; a la agudización de la crisis ambiental, con la reducción del hielo marino ártico en al menos de dos millones de kilómetros cuadrados en los últimos 30 años; mientras irrumpe imparable una nueva revolución tecnológica que, al mismo tiempo que abre opciones para la sostenibilidad, genera tensiones en los mercados laborales por el temor al desplazamiento de trabajadores a medida que se expanden las nuevas tecnologías.

Se acentúa además el despegue del mundo de las finanzas del mundo de la producción: aumenta fuertemente el monto de los activos financieros, en particular de los derivados financieros, en relación al PIB mundial. El potencial disruptivo de una riqueza financiera que se incrementa a gran velocidad y excede con creces los volúmenes de producción y comercio, es sumamente alto.

Los factores que explican esos desequilibrios no son solo comerciales y financieros; las asimetrías productivas y tecnológicas entre países están en la base de las diferencias de competitividad y los desequilibrios comerciales. Así, los países de América Latina y el Caribe son especialmente afectados por los ciclos de crecimiento y liquidez internacional debido a su especialización en pocos bienes de baja intensidad tecnológica y sus débiles capacidades para diversificar sus exportaciones, para innovar e ingresar en nuevos mercados.

Las perspectivas de crecimiento para nuestros países se han venido ajustando a la baja en los últimos meses y aparentemente los próximos años no se espera que sean años de bonanza ni de alto dinamismo económico para la región.

Pero los retos para nuestros países no se dan solamente en el plano económico. Sino también en lo social y lo ambiental.

Si bien se ha avanzado en materia de reducción de la pobreza y la inclusión, en los últimos dos años la región ha experimentado una suerte de estancamiento al respecto. Al 2014 en América Latina y el Caribe había 167 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza (lo que representa un 28% del total de la población), mostrando cierto estancamiento respecto a la dinámica de los años anteriores, en tanto que el índice de pobreza extrema alcanzaba al 12%, valor levemente superior al del 2013 (11.3%).

Esto es una señal de alarma, sobre todo para una región que comienza a experimentar un ciclo recesivo de sus exportaciones y déficits en sus cuentas externas y fiscales, y en un contexto internacional de mayor incertidumbre.

Salir del momento duro que vivimos, lograr alinear nuestra trayectoria de desarrollo con aspiraciones como las contenidas en la agenda 2030 de desarrollo sostenible y los ODS, centrada en la igualdad, implica la implementación integrada de políticas económicas, industriales, sociales y ambientales alineadas con el cambio estructural progresivo.

Y claro, como se hizo explícito en la COP 21 y en el Acuerdo de París, la humanidad se encuentra ante un punto de no retorno: el impacto ambiental del estilo de desarrollo dominante pone en peligro su supervivencia y la de otras especies.

Es una realidad que nos exige el movimiento hacia senderos de crecimiento bajos en carbono, que no se dará sin un paquete de inversiones complementarias, un gran impulso ambiental. Un ámbito donde Alemania puede y debe ser un puntal esencial.

Implementar una nueva senda de innovación junto con un paquete de inversiones en torno a un nuevo estilo de desarrollo sostenible puede ser parte de la respuesta a los problemas de escasez de demanda agregada que sufre la economía mundial.

El mañana auspiciosos que ansiamos exige que empresarios, instituciones y políticas públicas se articulen en torno a un gran impulso ambiental transformador de la estructura productiva que complemente la incorporación de progreso técnico, la sustentabilidad y la igualdad.

El cambio estructural progresivo al que aspiramos implica  que la economía avance por un sendero de crecimiento bajo en carbono, con el desacople entre producción y emisiones. Esto demanda el desarrollo de capacidades tecnológicas e innovaciones con foco en la sostenibilidad. El gran impulso ambiental es un esfuerzo concentrado de inversiones coordinadas para redefinir los patrones de producción y consumo, basado en el aprendizaje y la innovación. Si bien pueden ser difíciles de implementar, las innovaciones ambientales pueden transformarse en activos competitivos: son regulaciones que terminan favoreciendo la competitividad.

Por ello, la CEPAL considera que los objetivos y desafíos ambientales  abren una gran oportunidad para una transformación tecnológica y productiva que sea la base de la generación de empleos de calidad, de mayor crecimiento y de más igualdad. En esa trayectoria la experiencia, las capacidades y el liderazgo de Alemania resultan necesarios y urgentes.

Y esto tiene una base sólida. La naturaleza de la relación entre Alemania y América Latina y el Caribe ha sido históricamente muy dinámica y colaborativa.

Las exportaciones alemanas hacia la región tuvieron su mayor registro en el año 2013, cuando totalizaron más de 40.000 millones de dólares, lo que llevó a Alemania a aumentar su superávit con la región después de la crisis. El comercio de servicios, tanto en el caso de las exportaciones alemanas como en el de la región de Latinoamérica y el Caribe, han logrado mantenerse en 2015, ambas en el rango de los 10.000 millones de dólares.

En 2015, los mayores socios comerciales de Alemania en América Latina y el Caribe fueron Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia. Brasil fue el emisor del 40% de las importaciones alemanas provenientes de América Latina y el Caribe con productos como el café, el hierro y la soja. El país sudamericano recibió a su vez el 31% de las exportaciones del país europeo hacia la región.

México, en tanto, recibió el 34% de las exportaciones alemanas -lideradas por autopartes, electro-electrónica y máquinas-, y fue el emisor del 21% de las importaciones provenientes de nuestra región.

En los últimos 15 años, el comercio de bienes de capital ha liderado las exportaciones de Alemania hacia la región, son casi un 40% del total, y están seguidos por los insumos industriales y equipos de transporte.

En el caso de las importaciones de América Latina y el Caribe hacia Alemania, se observa una canasta donde los insumos industriales lideran desde el año 2000 a la fecha, seguidos por alimentos y bebidas.

En un contexto de bajo crecimiento y fuerte incertidumbre global, la IED ha mostrado un particular dinamismo. En 2015, los flujos mundiales de IED aumentaron un 36%, llegando a un monto estimado de casi 1,73 billones de dólares, su nivel más alto desde 2007. Detrás de estos resultados está una intensa ola de fusiones y adquisiciones transfronterizas, focalizada en los países desarrollados, especialmente en los Estados Unidos.

Sin embargo, en los países en desarrollo, la IED aumentó sólo un 5% en el mismo período.

Y si bien en el último quinquenio, la Inversión Extranjera Directa hacia América Latina y el Caribe superó ampliamente a la del período pre crisis, nuestra región mantiene su condición de desigualdad: el IED creció en México y Centroamérica, pero cayó en América del Sur.

Pese a registrar un retroceso, Brasil se mantuvo como el principal receptor de inversión extranjera directa de la región. A cierta distancia le siguieron México, Chile, Colombia y la Argentina.

La caída de los precios de los metales y el petróleo, redujo los flujos de IED hacia los recursos naturales, una de las principales fuentes de ingreso de los países de la región, que evidenciará una contracción promedio de -0,8% en 2016, según nuestras últimas estimaciones.

Las proyecciones de la CEPAL dan cuenta de un entorno global difícil en el cual se mantiene  el bajo crecimiento de los países desarrollados, una importante desaceleración en las economías emergentes, en particular China, una creciente volatilidad y costos en los mercados financieros, y  bajos precios de las materias primas, en particular hidrocarburos y minerales.

En este escenario, la CEPAL considera imperativo el fortalecer las alianzas estratégicas consolidadas a través de años de cooperación.

Desde el año 2000 a la fecha, América Latina y el Caribe ha sido el tercer destino de la inversión directa alemana fuera de la UE, Estados Unidos y Canadá.

Sin embargo, los flujos de inversión alemana en América Latina han ido en aumento desde el 2011 a la fecha, totalizando 5.031 millones de dólares en 2015, con Brasil y México como destinos favoritos.

La amplia variedad de proyectos anunciados por Alemania en el mundo, que incluyen diversos tipos de servicios, hace posible pensar en un fortalecimiento de la relación económica con América Latina y el Caribe, una región que aún posee diversas áreas de inversión por explorar.

Por ejemplo, nuestra región tiene un alto potencial en energías renovables. En Chile se encuentra el Desierto de Atacama que, según estudios, posee los más altos niveles de radiación solar del mundo. México es el quinto productor mundial de energía geotérmica, y Colombia, Panamá y Ecuador están explorando activamente ese recurso. En Brasil, México, Guatemala y Argentina se están llevando adelante proyectos de biomasa, solar y eólico.

La inversión alemana está presente en varios de los proyectos de energías renovables de la región: Un 64% de los proyectos de energía eólica provienen de inversiones alemanas, las que están presentes también en el 20% de las iniciativas de energía solar y 11% de biomasa.

Como verán, la nuestra es una región favorable al gran impulso ambiental, porque posee vastos recursos naturales y biodiversidad, además de calidad de la oferta laboral, por ejemplo, por el gran aumento de la educación superior.

Nuestra región tiene un gran compromiso con un gran impulso ambiental, materializado con su compromiso con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en 2015 en el seno de las Naciones Unidas.

Junto con eso, la región posee un mercado en expansión con 600 millones de habitantes y aumento de las clases medias, y nuevos impulsos a la integración comercial y productiva. Destaco el avance de la Alianza del Pacífico y su acercamiento con el Mercado Común del Sur, MERCOSUR, del que fui testigo presencial durante la Cumbre de la AP realizada la semana pasada en Chile.

En las últimas décadas, la mayoría de los países de América Latina y el Caribe han fortalecido sus democracias y existen bajas  en las tensiones sociales.

Nuestra región es una zona de paz y esta afirmación se ha visto reforzada en los últimos tiempos por tres hitos históricos: la firma de La Paz en Colombia, el acercamiento de Estados Unidos con Cuba y la voluntad de integración mostrada por la constitución de la CELAC.

La seguridad jurídica, la estabilidad de la normativa fiscal y de inversión, se han consolidado y se han registrado avances en gobierno corporativo y defensa de la competencia.

La región cuenta con una actitud favorable a la IED de calidad, basada en tecnología, empleo y  sostenibilidad.

Como verán, la realidad global y particular de nuestros países, hace propicio el fortalecimiento de nuestra  historia común y una acción colectiva para hacer frente a los cambios tectónicos que nos afectan.

Es hora de avanzar hacia un cambio en el estilo de desarrollo, fortaleciendo aquello que nos une.

Debemos diversificar las carteras de inversión, con base en las ventajas competitivas de las distintas subregiones y propiciar plataformas para exportación con amplio acceso a los mayores mercados mundiales.

Nuestra región posee amplios mercados internos con avance de las clases medias y una variedad de regímenes fiscales y laborales que permiten optimizar el mix de inversiones.

Asimismo, hay que aprovechar la revolución tecnológica y continuar las inversiones en sistemas avanzados en industrias como la automotriz.

Debemos fortalecer la inversión en energías renovables, invertir en sistemas productivos que recojan la experiencia alemana en Industria 4.0, la educación dual, y aprovechar el proceso de constitución de un mercado digital regional.

Amigas y amigos, hace poco más de dos siglos, a finales de 1804, se encontraron en París dos personajes singulares. Uno sería recordado como el “Libertador de América” y lo llamaban entonces sencillamente, Simón Bolívar. El otro era un berlinés ya reverenciado como el “Descubridor Científico de América” y venía regresando de una travesía de cinco años por la geografía latinoamericana, era el barón Alexander Von Humboldt.

Cultivarían una estrecha amistad y juntos, por ejemplo, escalaron el Vesubio al calor de los relatos de uno y los sueños del otro. Juntos también alentaron la esperanza de un mañana libre y justo para esa América que les había unido.

Hoy, en Berlín, cuando renovamos los muchos vínculos que unen a alemanes y latinoamericanos, no quiero dejar de recordar las semillas de ese afecto, retratadas en las palabras de Bolívar, que esta noche hago propias: “el barón Von Humboldt estará siempre en los días de la América, presente en el corazón de los justos apreciadores de un gran ser humano, que con sus ojos la ha arrancado de la ignorancia y con su pluma la ha pintado tan bella como su naturaleza. Más debe América – el continente- al barón Von Humboldt que a todos los conquistadores”.

Muchas gracias.