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Reunión de expertos: Políticas climáticas y desarrollo sostenible

25 June 2018|Speech

Discurso de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Palabras de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, en la inauguración de la Reunión de expertos: Políticas climáticas y desarrollo sostenible

25 de junio de 2018

Santiago de Chile

CEPAL

 

 

Joseluis Samaniego, Director de la DDSAH de la CEPAL,

Manfred Haebig, Asesor del Programa CEPAL-BMZ/GIZ en Chile,

Muy estimadas y estimados expertos invitados,

Representantes de gobierno y del sector privado,

Representantes de la academia y de la sociedad civil,

Colegas del Sistema de las Naciones Unidas y de la CEPAL,

Amigas y amigos,

Bienvenidos a la sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, casa de latinoamericanos y caribeños y centro de pensamiento del sur. Es para mí un honor abrir hoy esta Reunión de expertos: Políticas climáticas y desarrollo sostenible organizada por la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la CEPAL, a través de la Unidad de Cambio Climático, en el marco de las actividades del Programa CEPAL-BMZ/GIZ.

Actualmente, las condiciones de la economía global se reflejan en una creciente desigualdad y en un estilo de desarrollo aún basado en el uso indiscriminado de combustibles fósiles que ponen en riesgo a bienes públicos globales como el clima, la salud pública, los océanos y la biodiversidad.

En este contexto, las Naciones Unidas y la CEPAL han sostenido la importancia y la urgencia de transitar hacia un desarrollo sostenible global que permita preservar para las generaciones futuras los acervos económicos, sociales y ambientales como la única solución para atender estos desafíos globales.

Ello se refleja, por ejemplo, en la aprobación, por parte de la Asamblea de las Naciones Unidas, de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible; el Acuerdo de París sobre cambio climático, y Hábitat III, que fijan las metas hacia las cuales debemos dirigir nuestros esfuerzos.

En particular, el Acuerdo de París, adoptado en 2015, fijó la meta específica de mantener el aumento de temperatura global por debajo de los 2°C comparado con los niveles pre industriales, y buscar limitar el aumento en 1.5°C. La herramienta fundamental del Acuerdo de París son las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), donde cada país establece metas específicas de mitigación y adaptación.

La CEPAL ha promovido la importancia de atender el desafío de la desigualdad en la región e impulsado la idea del gran impulso ambiental como eje articulador de una nueva estrategia de política pública que lleva al desarrollo sostenible. Uno de los retos es identificar el rol de las políticas climáticas para la consecución de las NDC para generar este Gran Impulso Ambiental que nos permita recuperar el crecimiento económico con igualdad, aumentar la resiliencia frente al cambio climático y descarbonizar nuestras economías.

La identificación de estas interrelaciones es uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Es decir, construir esta nueva estrategia de políticas públicas, que contribuya a un desarrollo sostenible, implica reconocer la importancia de analizar y entender a las políticas públicas considerando sus potenciales impactos simultáneos sobre las variables económicas, sociales y ambientales. Ello implica reinterpretar las políticas macroeconómicas, sectoriales, comerciales, sociales y ambientales en esta nueva lógica del siglo XXI: en su contribución a alcanzar un desarrollo sostenible.

Por ello, este seminario es particularmente relevante para la CEPAL. Discutir la construcción de esta nueva estrategia de desarrollo en el contexto actual de América Latina y el Caribe es fundamental para cumplir con Agenda 2030 y con las metas establecidas en las NDC para el periodo 2020-2030.

Ya hay evidencia clara del cambio climático. Las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de actividades humanas han mantenido un aumento continuo desde la era preindustrial. Esto ha generado que la concentración de CO2 en la atmósfera haya aumentado de aproximadamente 280 partes por millón a 407 ppm, siendo los niveles más altos en por lo menos los últimos 800.000 años. Este crecimiento constituye la causa dominante del aumento de la temperatura global.

El año 2016 ha registrado la temperatura más alta desde 1880, año en el que se comenzaron a medir las temperaturas con estándares modernos. La temperatura en 2016 se ubicó en aproximadamente 1°C por encima del promedio registrado entre 1951 y 1980. Esto implica que 16 de los 17 años más calurosos de los que se tiene registro han ocurrido desde 2001.

El cambio climático tiene diversas características (9 tesis): Hay transformaciones evidentes en el clima actual que se intensificarán en el futuro. Es consecuencia de una externalidad negativa global, es consustancial al actual estilo de desarrollo. Se trata de un fenómeno de largo plazo cuyos efectos serán más intensos en la segunda mitad del siglo XXI, por lo que nos exige actuar con urgencia hoy. Es también un fenómeno global asimétrico. Prueba de ello es que si bien América Latina y el Caribe contribuye con el 8.3% del total global de emisiones de GEI, es particularmente vulnerable a sus efectos negativos. El cambio climático presenta también una doble inequidad: se estima una vulnerabilidad económica agregada de entre 1 a 5% del PIB anual en nuestra región a un aumento de 2.5°C, y los estratos bajos, que contribuyen menos a las emisiones de CO2 en la región, son los más vulnerables a sus efectos y los de menor resiliencia.

La adaptación reduce riesgos, beneficia a los más vulnerables y es un motor de desarrollo. El actual estilo de desarrollo en la región no es sostenible, como lo ilustran los patrones de producción y consumo. El cambio climático requiere administrar riesgos e invertir en mitigación y adaptación. Precisa de la aplicación coherente y simultánea de políticas y normativas, fiscales y de inversión. Requiere además del diseño e instrumentación de los Compromisos Nacionalmente Determinados.

Actualmente se emiten alrededor de 50 Giga toneladas de CO2 equivalente (GtCO2eq) al año, de las cuales -como ya dijimos-, América Latina y el Caribe participa con el 8.3%. Las emisiones han aumentado a un ritmo de 2.5% al año desde el año de 1960, sin embargo, entre los años 2000 y 2015, las emisiones experimentaron un mayor crecimiento, con una tasa anual de 3.1%.

A nivel global, el sector que genera mayores emisiones es el de energía, con alrededor del 70%, esto se deriva del mayor uso de combustibles fósiles para la generación de electricidad. El sector energía en América Latina y el Caribe produce el 46% de las emisiones totales. Esto se deriva de la participación de combustibles fósiles – carbón, hulla, petróleo y gas natural –, en la matriz energética. Actualmente, los combustibles fósiles constituyen la principal fuente de energía con una participación del 73% en América Latina y el Caribe. A nivel global la participación de combustibles fósiles es 81%. 

Asimismo, América Latina y el Caribe es de las regiones que hace un menor uso de combustibles fósiles para la generación de electricidad, debido principalmente al uso de plantas hidroeléctricas. Actualmente, el 56% de la producción eléctrica se realiza a través de fuentes no fósiles. A nivel global, las fuentes fósiles son las de mayor participación en la generación de electricidad, ascendiendo su participación a 66%.

La participación de las energías renovables ha aumentado de forma relevante en las últimas décadas y particularmente durante los últimos años. Caso particular es el de China, país donde el uso de renovables (excluyendo energía hídrica) hasta el año 2000 era casi inexistente y que, sin embargo, para el año 2014, aumentó su participación a 6%. Considerando el liderazgo de ese país en la producción de tecnologías para energías renovables, es previsible que la participación de estas fuentes continúe aumentando. En el caso de América Latina y el Caribe, la participación aumentó de 2% en 1990 a 6% en 2014. La región cuenta con un amplio potencial para la generación de electricidad a partir de fuentes eólicas, solar y geotérmicas, por lo cual también se prevé que en un futuro su participación aumente.

Tanto a nivel global como en América Latina y el Caribe uno de los principales retos es el sector transporte, cuyo combustible proviene en alrededor del 90% de fuentes fósiles. Actualmente la región de América del Norte (Canadá y Estados Unidos) es la que presenta la tasa de motorización más alta del mundo, 806 vehículos por cada mil habitantes, seguida de la Unión Europea con 577 vehículos por cada mil habitantes. La tasa de motorización de América Latina y el Caribe es aproximadamente tres veces menor a la de Unión Europea y cuatro veces menor a la de América del Norte, mientras que la de China es casi 8 veces menor que la de América del Norte. Las regiones emergentes han experimentado un aumento dramático de su tasa de motorización. En el Sur de Asia y la región del este de Asia y el Pacífico la tasa ha aumentado 120% y 88% respectivamente, en tanto que en América Latina y el Caribe y China ha crecido 61% y 387% respectivamente en 2015 con relación a 2005. 

Por otro lado, en la región son de gran importancia los sectores de agricultura y cambio de uso de suelo que participan con 23% y 19% respectivamente. Esto se deriva por el uso intensivo de fertilizantes, las prácticas ganaderas y fundamentalmente por la deforestación, uno de los retos más apremiantes para la región. Los bosques son uno de los mayores recursos naturales de América Latina y el Caribe. Con 927 millones de hectáreas de superficie de bosques y selvas, esta es una de las regiones con mayor cobertura forestal, representando alrededor de una cuarta parte del total global.

La conservación y explotación sostenible de bosques y selvas es uno de los mayores retos de América Latina y el Caribe. En la región, de 1990 a 2015 se han perdido alrededor de 97 millones de hectáreas de bosque, lo cual tiene una repercusión relevante en la generación de emisiones por cambio de uso de suelo.  La agricultura es el factor más importante de la deforestación en el mundo. China, por el contrario, ha aumentado su cobertura forestal en 51 millones de hectáreas en el mismo periodo.

Se estima que América Latina y el Caribe es la región que más emisiones ha producido por esta vía, solo por detrás del África Subsahariana, para el periodo de 1990 a 2014. Durante este lapso, la región ha producido 34.9 Giga toneladas de CO2 equivalente (GtCO2eq) de gases de efecto invernadero por este concepto. Sin embargo, la perdida de bosques en América Latina y el Caribe se ha reducido durante las últimas dos décadas, lo cual ha permitido disminuir las emisiones por este concepto. Detener la deforestación es prioritario para la región, tanto para mantener la riqueza natural como para enfrentar el cambio climático.

Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, México, Panamá y Perú han ratificado la Declaración de Nueva York sobre Bosques, formulada durante la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima en 2014. Esta declaración tiene, entre otros objetivos, reducir a la mitad la tasa de deforestación a 2020 y eliminarla en 2030.

A nivel global, mantener el aumento de temperatura implica reducir las emisiones a menos de la mitad (~20 GtCO2eq) para mediados de siglo y a 40 GtCO2eq en 2030. Bajo el actual ritmo de crecimiento y los actuales patrones de desarrollo, aun cuando cada país cumpla lo establecido en su NDC, se requerirá de una mitigación adicional de entre 11 y 13.5 GtCO2eq. De este modo el reto no sólo implica cumplir con nuestras NDC sino buscar alternativas que nos permitan superar nuestras metas establecidas. Lograr estas metas involucra reducir las emisiones en el conjunto de la economía y, por tanto, requiere un cambio estructural de gran escala, y el sentido de urgencia involucra que este cambio debe producirse en un periodo de tiempo reducido.

El desafío requiere, por tanto, reducir las emisiones per cápita de las 6.6 toneladas de CO2eq a nivel global a menos de 2 toneladas en 2050. Actualmente, la región emite 6.4 toneladas por habitante lo cual ilustra la magnitud del reto. En América Latina y el Caribe solamente Chile, Haití, Costa Rica y El Salvador se encuentran alrededor de las 2 toneladas per cápita.  

Estos retos involucran un cambio estructural masivo que nos permita cumplir con la Agenda 2030, el Acuerdo de París y con Habitat III. En ese sentido, la CEPAL propone un Gran Impulso Ambiental que oriente las inversiones hacia sectores ambientalmente sostenibles. Transformar la matriz energética, revolucionar la movilidad en las ciudades y fomentar industrias con alto valor agregado, son tareas fundamentales. Para ello, el GIA involucra configurar un marco institucional, financiero, regulatorio, económico y fiscal que estén en línea con los objetivos climáticos, económicos y sociales. Es decir, economías basadas en el conocimiento, que fomenten la igualdad y en armonía con el medio ambiente.

Para ello es necesario un multilaterismo que funcione: gobernanza global para crear bienes públicos globales (paz, seguridad climática); inversiones en energía durante la transición hacia un modelo de producción bajo en carbono; reducción de riesgos financieros, incluidos los riesgos climáticos; políticas fiscales contra la evasión de impuestos y flujos ilícitos; innovación y cambio tecnológico para el gran impulso ambiental.

Amigas y amigos,

Para atender el desafío del cambio climático es necesario realizar transformaciones estructurales profundas del actual estilo de desarrollo, que permitan transitar a un desarrollo más sostenible. Se requieren políticas coherentes en todos los ámbitos de lo público, que permitan enfrentar la magnitud de las transformaciones necesarias para soportar los efectos negativos del cambio climático sobre las actividades económicas, los ecosistemas y el bienestar social. Se requiere un esfuerzo de adaptación a las nuevas condiciones climáticas y una evolución hacia procesos productivos que causen menores emisiones de gases de efecto invernadero y que, al mismo tiempo, puedan lograr mayores y mejores niveles de desarrollo. Se necesita una transformación estructural del actual estilo de desarrollo, una transición hacia un desarrollo más sostenible que preserve los activos económicos, sociales y ambientales para las generaciones futuras.

Nuestro reto en términos de cambio climático se centra en cumplir nuestras NDC y hacerlo de forma coherente con el resto de nuestros objetivos. Para ello es fundamental contar con un sistema de monitoreo de las NDC para ver que la velocidad de avance esté en línea con lo que se requiere. Asimismo, es de suma importancia cuidar que los efectos de las políticas climáticas no tengan impactos sociales y distributivos negativos, y en su caso, generar mecanismos de compensación.

No podemos detenernos ante este problema tan grave. El cambio climático agobia a la humanidad entera y es labor de la humanidad entera hacer frente a sus efectos. En el camino hacia el cumplimiento de nuestras NDC debemos impulsar un diálogo multilateral, porque el esfuerzo de un solo país, de una sola región, no será suficiente para hacer frente a este flagelo global. Es el multilateralismo, como respuesta a los retos globales, el que debe guiar nuestro esfuerzo para actuar con decisión para enfrentar el cambio climático.

Sean nuevamente bienvenidos a esta casa de todas y todos. Les deseo un diálogo fructífero.

Muchas gracias.