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Quito, Cuenca y Ciudad de Panamá fueron receptoras de inmigración neta en la última década

Estudio de la CEPAL analiza el atractivo migratorio de ocho ciudades latinoamericanas y su impacto en la expansión periférica.

2 de diciembre de 2013|Noticia

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Ciudad de Cuenca
Foto: Eduardo Santillán, Presidencia de la República del Ecuador/Flickr

Quito, Cuenca y Ciudad de Panamá tuvieron migración neta positiva en la última década, mientras que Ciudad de México y Guayaquil registraron un saldo migratorio negativo, de acuerdo con un estudio publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que analiza el atractivo migratorio de ocho ciudades latinoamericanas y su impacto en la expansión periférica.

La investigación incluida en la Revista Notas de Población N° 96, que lleva por título "La migración interna en las grandes ciudades de América Latina: efectos sobre el crecimiento demográfico y la composición de la población", fue realizada por el sociólogo y demógrafo Jorge Rodríguez, Asistente de Investigación del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL.

Para elaborar este estudio se utilizaron las bases de microdatos de los tres primeros países de la región que tuvieron disponibles los datos de la ronda de censos de 2010 y que también habían realizado esos registros en la década de 2000: Ecuador, México y Panamá. Las urbes analizadas fueron Cuenca, Guayaquil y Quito; Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Tijuana, y Ciudad de Panamá, respectivamente. Todas ellas son ciudades principales de cada una de esas naciones.

En el artículo de investigación se subraya que las metrópolis están experimentando un conjunto de cambios de orden estructural y funcional, como la reconfiguración desde una forma más compacta a otra más bien difusa, la constitución de regiones metropolitanas extendidas y el tránsito desde ciudades monocéntricas a ciudades policéntricas.

En medio de estas transformaciones, los datos de los censos de 2010 revelan una situación mixta en cuanto al atractivo migratorio de las grandes ciudades, aunque la comparación entre los datos censales de las rondas de 2000 y de 2010 sugiere una tendencia hacia la reducción de este atractivo e, incluso, el paso a la condición de emigración neta en algunas ciudades.

Al desarrollar este análisis se destaca la importancia que la definición político-administrativa de la ciudad y, por tanto, de sus límites, tiene en la estimación de su atractivo migratorio, ya que en varios casos el uso de una u otra definición en el cálculo del saldo migratorio puede dar resultados muy diferentes.

En esta investigación se desagregan los datos hasta el nivel de las divisiones administrativas menores (DAME), denominadas cantones y parroquias en Ecuador, municipios o delegaciones en México y distritos en Panamá. Según se explica, algunas definiciones de las ciudades excluyen las DAME periféricas, donde se produce la suburbanización, y por tanto no captan la verdadera expansión de la ciudad.

Por ello, en este análisis se usan dos definiciones territoriales de cada ciudad. Una de ellas, acotada, capta la mancha urbana en 2000 -es decir, el área que ocupa la población de una ciudad- y otra, ampliada, se obtiene al observar la expansión de esa mancha en 2010 y considerar esos nuevos territorios como parte de la urbe. Con estas definiciones, el autor realiza comparaciones retrospectivas de cada caso.

Solo dos de las ocho ciudades examinadas, Ciudad de México y Guayaquil, han sido "incuestionablemente" expulsoras de población en 2010, ya que registran un saldo migratorio negativo al aplicar ambas definiciones.

En tanto, Monterrey, Guadalajara y Tijuana presentan un saldo migratorio negativo si se considera la definición territorial acotada, pero cuando se utiliza la definición ampliada, las tres tienen saldos positivos, lo que sugiere un proceso de suburbanización importante en la década de 2000.

Por su parte, Quito, Cuenca y Ciudad de Panamá registran una migración neta positiva en las dos definiciones, lo que las convierte en ciudades "indiscutiblemente atractivas", subraya Rodríguez.

El artículo de investigación también presenta una metodología para estimar el efecto de la migración en la composición por sexo, edad y educación de las ciudades. Sus resultados muestran que la migración tiende a potenciar el bono demográfico -porque las ciudades aún ejercen un atractivo especial para la población joven (15 a 29 años de edad) cuya llegada aumenta la representación de la población en edad de trabajar- pero, por otra parte, tiende a reducir ligeramente su nivel educativo.

En este último punto, el estudio indica que esta disminución se debe no tanto a la inmigración como a la emigración desde las ciudades, ya que las personas que abandonan estas urbes tienen un promedio de educación superior a quienes se quedan en ellas. En todo caso, la gran mayoría de esos emigrantes no se dirigen al campo para dedicarse a actividades rurales, sino que en general se trasladan a otras ciudades o a suburbios que están vinculados a las ciudades pero que quedan fuera incluso de las definiciones territoriales más amplias que se hacen de estas.

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