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Evento Los desafíos de la igualdad para las mujeres afrolatinoamericanas, afrocaribeñas y de la diáspora, realizado en el marco de la XIV Conferencia Regional Sobre la Mujer de América Latina y el Caribe

Palabras de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

27 de enero de 2020|Discurso

Palabras de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, en el evento Los desafíos de la igualdad para las mujeres afrolatinoamericanas, afrocaribeñas y de la diáspora, realizado en el marco de la XIV Conferencia Regional Sobre la Mujer de América Latina y el Caribe

Lunes 27 de enero, 2020

CEPAL

 

La Agenda Regional de Género, constituida a lo largo de 40 años, ha incorporado de manera robusta la problemática de las mujeres afrodescendientes y los desafíos de la interseccionalidad étnico-racial y de género. Existen varios acuerdos que relevan la problemática a nivel regional.

Los estudios realizados por la CEPAL muestran que la intersección de los sistemas combinados de opresión determina y condiciona la posición socioeconómica de las mujeres afrodescendientes en las sociedades latinoamericanas y caribeñas, que se expresa estructuralmente como discriminación étnico-racial y de género.

La situación actual que viven las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe muestra la persistencia de profundas desigualdades frente a otros grupos sociales. Están subrepresentadas en los procesos de toma de decisiones y ven más vulnerados sus derechos y el de sus comunidades a vivir vidas libres de violencia. A esto se suma la ausencia o debilidad en las estadísticas oficiales de los países que reflejen sus situaciones específicas y condiciones de vida. Esto dificulta la elaboración de políticas de igualdad de género que transformen y salden la histórica deuda de los Estados y sociedades de la región.

De acuerdo a datos de la CEPAL (2017-2018), las jóvenes afrodescendientes entre 18 y 24 años representan el grupo con las menores tasas de asistencia a un sistema educativo superior en seis países de la región (Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela), luego de los varones afrodescendientes. A su vez, entre las personas de mayor nivel educacional (ocho años y más de instrucción), ellas se sitúan, luego de los hombres y las mujeres indígenas, en el extremo inferior de la escala de ingresos, lo que demuestra que los logros en materia educativa se recompensan en el mercado laboral de manera asimétrica por razones étnico-raciales y de género.

Asimismo, las mujeres afrodescendientes están ubicadas, junto a las indígenas, en ramas de la producción de menor valor y menor reconocimiento en el mercado laboral, como es el caso del trabajo doméstico remunerado, que llega a emplear entre el 13% y el 21% del total de mujeres afrodescendientes mayores de 15 años en países como Brasil, Costa Rica y Ecuador. Asimismo, estas presentan tasas de afiliación a los sistemas de pensiones menores que los hombres y mujeres no afrodescendientes para todos los países que disponen de datos (Brasil, Ecuador, Perú y Uruguay), lo que las expone a menores grados de protección social y mayores grados de vulnerabilidad, principalmente durante la vejez.

La pobreza, la desigualdad y la exclusión social tienen graves consecuencias en la salud de la población. Así, pese a la gran disminución registrada, la mortalidad materna continúa siendo alta entre las mujeres afrodescendientes e indígenas. En el Brasil, la razón de mortalidad materna de las mujeres afrodescendientes es 1,4 veces mayor que la de las no afrodescendientes; mientras que, en Colombia y Ecuador, esta es superior al total nacional en 2,3 y 4 veces, respectivamente. Ecuador, además, es el país de la región que presenta las mayores tasas de maternidad entre las jóvenes afrodescendientes: una cuarta parte de las adolescentes entre 15 y 19 años son madres en este país. Le siguen Nicaragua, Venezuela y Colombia, donde aproximadamente un quinto de las jóvenes afrodescendientes ha tenido hijos.

La violencia racista y de género expone a las mujeres afrodescendientes a mayores niveles de vulnerabilidad en los distintos ámbitos de sus vidas. En el Uruguay, los niveles de violencia sufridos por las mujeres afrodescendientes en la esfera educativa son más que el doble de aquellos observados entre las mujeres no afrodescendientes. En el Brasil, los homicidios de mujeres negras observaron un alza de cerca de 54% entre el 2003 y el 2013, mientras que la cifra referente a las mujeres no afrodescendientes percibió una baja de casi un 10% en el mismo período.

La violencia política contra las mujeres, expresión patriarcal que busca perpetuar la concentración del poder y las relaciones de jerarquía en el ámbito público, se evidencia en los últimos años y actúa buscando detener los liderazgos de las mujeres afrodescendientes, obstruyendo su accionar social y político. Las persecuciones, amenazas y asesinatos de mujeres negras que ocupan cargos electivos en el Brasil -como es el caso de Marielle Franco, asesinada en marzo de 2018-, o de lideresas sociales en Colombia, son ejemplos recientes de este fenómeno, que se manifiesta de manera extrema, principalmente, en contra de aquellas mujeres que trabajan a nivel local.

Esto es particularmente grave dado que, en siete de los países con mayor población afrodescendiente en América Latina, se observa una muy baja presencia de mujeres afrodescendientes en los parlamentos nacionales, que va desde su absoluta ausencia en la mayoría de los países a una menor al 5% en países como Colombia, Costa Rica o el Uruguay.

Entre los desafíos para superar las desigualdades que viven las mujeres afrodescendientes, se hace necesario definir e implementar políticas públicas que incorporen una perspectiva de género e intersectorialidad, que cuenten con mecanismos institucionales y recursos.

También es indispensable avanzar en la incorporación de la variable étnico-racial en las estadísticas nacionales, en censos, encuestas de hogar y registros administrativos, permitiendo documentar la situación de las mujeres afrodescendientes.

Se debe además implementar medidas concretas para la inclusión sostenida de las mujeres afrodescendientes en el trabajo remunerado, con normas claras para las y los trabajadores domésticos remunerados en la región, de modo de garantizar su protección social y su derecho a una vejez digna.

Es de suma importancia definir intervenciones prioritarias en el ámbito de salud dados los problemas reales que afectan a las mujeres afrodescendientes en los diferentes contextos.

Los países también deben invertir en políticas que fomenten la inclusión y participación de mujeres afrodescendientes en los espacios de toma de decisiones en todos los niveles del Estado, garantizando tanto su integridad física, como la de sus comunidades.

Amigas y amigos,

Las múltiples desigualdades vividas históricamente por las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe forman parte de un complejo sistema de discriminación estructural legado por el pasado colonial esclavista.
Hoy debemos comprender la situación de las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe desde una perspectiva integral, que incluya la perspectiva de derechos humanos y de género, algo que solo es posible sobre la base del análisis interseccional y de cara a las propuestas de desarrollo sostenible.

Muchas gracias.

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