Historia Oral | Enrique V. Iglesias reflexiona sobre su etapa como Secretario Ejecutivo de la CEPAL
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Desde fines de los años cincuenta, y a lo largo de toda la década de 1960, mantuvo un contacto permanente con sus equipos, primero desde Uruguay a través de su vinculación con la Universidad de Montevideo y luego como presidente del Consejo Directivo del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES). En 1972 asumió como Secretario Ejecutivo de la CEPAL, en un momento particularmente complejo para la región.
En esta entrevista de Historia Oral de la CEPAL, Iglesias recuerda que integrarse formalmente a la Comisión fue “un privilegio y un gran orgullo personal”. Para él, la CEPAL había sido desde su juventud “un polo de atracción de ideas”, un espacio que influyó decisivamente en el pensamiento económico latinoamericano y en su propia formación intelectual. “Entrar a la CEPAL era como entrar a un monasterio al que siempre había querido pertenecer”, señala.
Su gestión estuvo marcada por enormes desafíos políticos e institucionales. Tras el golpe de Estado en Chile en 1973, uno de sus principales objetivos fue preservar la unidad del personal y garantizar el funcionamiento de la institución. Para ello, impulsó la apertura y el fortalecimiento de oficinas fuera de Santiago, como Buenos Aires y México, y tomó una decisión clave: durante todo su mandato, las reuniones internacionales de la CEPAL no se realizaron en Chile, para asegurar la participación de todos los países miembros. “Era preferible asumir el costo que excluir a países que no estaban dispuestos a venir”, explica.
Al mismo tiempo, defendió firmemente la permanencia de la CEPAL en Santiago, pese a las presiones internacionales para trasladar su sede. Para Iglesias, abandonar Chile habría significado una sanción moral injusta a un país históricamente comprometido con la institución.
Mirando en retrospectiva, Iglesias subraya que la CEPAL “encendió la mecha de la cooperación regional” y se consolidó como un espacio de diálogo, solidaridad y pensamiento crítico. “Me sentí muy orgulloso de ser parte de la CEPAL, y lo sigo siendo”, concluye.
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