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Los efectos y desafíos de la transformación demográfica en América latina y el Caribe

27 de diciembre de 2018|Enfoques

América Latina y el Caribe en la actualidad tienen alrededor de 652 millones de habitantes. El 25% de la población de la región tiene menos de 15 años y las personas mayores representan el 12% del total de la población.  Desde fines de la década del sesenta se han experimentado notorios cambios en su dinámica demográfica, estas transformaciones en la composición de la población darán lugar a oportunidades y desafíos específicos para las políticas que buscan la igualdad y el desarrollo centrado en las personas.

América Latina y el Caribe en la actualidad tienen alrededor de 652 millones de habitantes. El 25% de la población de la región tiene menos de 15 años y las personas mayores representan el 12% del total de la población.  Desde fines de la década del sesenta se han experimentado notorios cambios en su dinámica demográfica, estas transformaciones en la composición de la población darán lugar a oportunidades y desafíos específicos para las políticas que buscan la igualdad y el desarrollo centrado en las personas.

En este artículo junto con señalar algunos cambios, queremos mostrar cómo la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible presenta una oportunidad para que los países de la región avancen en la erradicación de la pobreza y la disminución de la desigualdad. Se dice que esta agenda es para todos y todas, porque este plan refleja las necesidades de todos los niños, los jóvenes, las personas con discapacidad, las personas que viven con el VIH/SIDA, los pueblos indígenas, los refugiados y los desplazados internos, los migrantes y también de las personas de edad.

Siendo la agenda 2030 un plan de acción mundial, América Latina presenta características propias en términos demográficos, sociales, económicos y políticos que exigen coherencia en materia de políticas públicas. Para hacer realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la agenda a nivel de continente, el Consenso de Montevideo constituye el acuerdo intergubernamental más importante adoptado en la región en materia de población y desarrollo.

Una visión global de los cambios de población

La caída de la fecundidad fue la principal característica de la transformación demográfica regional en la segunda mitad del siglo XX. América Latina y el Caribe pasó de tasas de fecundidad muy altas (5,5 hijos por mujer) en el período 1965-1970 a tasas levemente inferiores a lo que se conoce como nivel de reemplazo (2,05 hijos por mujer) entre 2015 y 2020.

El inicio de la caída de la fecundidad fue relativamente más temprano en el Caribe y en América del Sur, donde, en la mayoría de los países, ya había comenzado a fines de la década de 1960. En cambio, en algunos países centroamericanos, como Belice y Guatemala, el descenso no comenzó hasta los años ochenta. En las tres subregiones hubo algunos países en los que la fecundidad cayó rápidamente: Barbados y Cuba ya tenían una fecundidad inferior al nivel de reemplazo en el quinquenio 1980-1985 y a inicios del siglo XXI el fenómeno se extendió a Antigua y Barbuda, el Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Panamá y Trinidad y Tobago (CEPAL, 2016).

Gráfico 1: América Latina y el Caribe: tasa global de fecundidad, por subregiones, 1965-2065. (En número de hijos por mujer)

 tasa global de fecundidad, por subregiones, 1965-2065

Fuente: Naciones Unidas, “World Population Prospects: The 2015 Revision, Key Findings and Advance Tables”, Working Paper, Nº 241 (ESA/P/WP.241), Nueva York, División de Población, 2015 [en línea] http://esa.un.org/unpd/wpp/

Por otra parte, el aumento de la esperanza de vida ha sido un proceso constante y continuo desde el siglo pasado y se extiende hasta el presente. De un promedio aproximado de 59 años entre 1965 y 1970, se pasó a casi 76 años en el presente quinquenio (2015-2020). En promedio, la población ha ganado 17 años de vida en los últimos 55 años, es decir, 1,5 años por quinquenio. Sin embargo, ese promedio regional solo equivale al que tenían los países desarrollados hace 25 años (CEPAL, 2008).

Ambos factores, el aumento progresivo de la esperanza de vida y la baja en la tasa global de fecundidad inciden en cómo se proyecta el crecimiento de la población del continente. En el gráfico 2 se muestra cómo se ha incrementado la población en términos absolutos desde 1965 hasta la actualidad y se hace una proyección hasta 2075. Se espera que esta población continúe creciendo en términos absolutos hasta alcanzar un máximo de 793 millones de habitantes en 2060, para después comenzar a decrecer (Naciones Unidas, 2015b).

Gráfico 2: América Latina y el Caribe: población y tasas de crecimiento, 1965-2075. (En millones y por 100)

 poblacion y tasas de crecimiento, 1965-2075

Fuente: Naciones Unidas, “World Population Prospects: The 2015 Revision, Key Findings and Advance Tables”.

La principal consecuencia de este fenómeno es la transformación de la estructura por edad, que implica el envejecimiento de la población. Es decir, se pasará paulatinamente de sociedades jóvenes a sociedades maduras, y de éstas, a sociedades envejecidas.

Según CEPAL (2014), “cuando se analiza desde la perspectiva de la transición etaria o de la sociedad etaria, los cuatro grandes grupos de edad son los siguientes: 0 a 19 años (población juvenil), 20 a 39 años (adultos jóvenes), 40 a 59 años (adultos) y 60 años o más (personas de edad). Se utilizan estos grupos, pues, la población en edad de trabajar se define como el grupo de 20 a 64 años, mientras que se consideran como dependientes los grupos de 0 a 19 años y los mayores de 65 años”.

En cada país, ese paso desde sociedades juveniles a sociedades envejecidas se da a su propio ritmo. En 2015 había 21 países con abundancia de población juvenil y por ende se encontraban en la etapa de sociedad juvenil, mientras que 4 países (Brasil, Chile, Costa Rica y Puerto Rico) se ubicaban en la etapa de sociedad adulta joven; y Cuba es el único país del mundo que ya ha entrado a la etapa final de la transformación: una sociedad en la que abundan las personas mayores. Quince años más tarde, el panorama cambia pues el predominio de población juvenil comienza a disminuir, se reducen a 14 los países (Argentina, Belice, Estado Plurinacional de Bolivia, Ecuador, Guyana Francesa, Guatemala,  Guyana, Haití, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y República Bolivariana de Venezuela y Surinam) que se ubican en esta categoría; mientras que 10 países (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Uruguay y Jamaica) tenían un predominio de adultos jóvenes; en la fase de sociedad adulta solo se ubica Puerto Rico y Cuba continúa siendo el único país que se sitúa en la etapa de sociedad envejecida.

En 2045 solo 5 países (Estado Plurinacional de Bolivia, Guyana Francesa, Guatemala, Guyana y Haití) estarán aún en la fase de sociedad juvenil, mientras que 12 países (Argentina, Belice, República Dominicana, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Bolivariana de Venezuela y Surinam) estarán en la fase de sociedad joven adulta; en tanto 4 países (Brasil, Colombia, El Salvador y Jamaica) se ubicarán en la etapa de sociedad adulta y aumentará a 5 países (Chile, Costa Rica, Cuba, Uruguay y Puerto Rico) los que presentarán características de una sociedad envejecida. En 2060 solo 2 países continúa presentando características de una sociedad juvenil (Guyana Francesa y Guatemala), 6 países (Belice, Estado Plurinacional de Bolivia, Republica Dominicana, Guyana, Haití y Paraguay) se ubican en la fase de sociedad adulto joven, en tanto que 3 países (Honduras, República Bolivariana de Venezuela y Surinam) presentan características de una sociedad adulta, en el resto de los países (15) de la región ya está presente una sociedad donde las personas de edad son mayoría, y por tanto conforman el grupo más relevante en términos numéricos (mapa 1).

Mapa1: América Latina y el Caribe: transformación de la estructura etaria de la población, 2015-2060

 transformacion de la estructura etaria de la poblacion, 2015-2060

Fuente: Naciones Unidas, “World Population Prospects: The 2015 Revision, Key Findings and Advance Tables”.

Las tendencias demográficas y el desarrollo sostenible

¿Pero cómo impacta esta tendencia hacia sociedades envejecidas en las expectativas de desarrollo sostenible en la región? ¿Cómo se adecuan las políticas públicas y se cumplen las metas de la Agenda 2030 en este contexto?

Un gran reto que ya está presente en la región es preparar los sistemas de salud para sociedades en proceso de envejecimiento, el cual está en directa relación con el ODS 3 que plantea garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades, pero particularmente con la meta 3.8 de “lograr la cobertura universal de salud, incluida la protección de los riesgos financieros, el acceso a servicios esenciales de atención médica de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas esenciales seguros, eficaces, de calidad y asequibles para todos”.

La combinación de las tendencias al envejecimiento y el crecimiento económico lleva a un rápido y sostenido incremento del gasto en salud. Un estudio reciente (La nueva era demográfica) realiza una proyección de esos costos para el Brasil, Chile y México y sugiere una duplicación del tamaño del sector en relación con el PIB desde la actualidad hasta 2060. Algunos estudios (Miller y Holz, 2011; Miller y Castanheira, 2013) indican que, en diez países de la región, el financiamiento de los costos del sector de la salud representaría para sus gobiernos un desafío mayor que la financiación de las pensiones públicas

Un reto igualmente importante es el relativo a los sistemas de pensiones. Los cambios demográficos en la región llevarían en muchos casos (por ejemplo, en los de Brasil, Chile y Cuba) a grandes incrementos del porcentaje del PIB destinado a las pensiones públicas. Por lo tanto, los sistemas de pensiones actuales, que de una manera general se caracterizan por baja cobertura y beneficios insuficientes, deberán readecuarse y fortalecerse, para garantizar la protección de una creciente población de personas mayores. Pero además, es necesario tener en cuenta que la desigualdad de género también es un problema en los sistemas de pensiones de los países de nuestra región, por tanto, es un desafío la reducción de las desigualdades de género en estos sistemas, tema que se vincula al ODS 5 “Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Por tanto, el tema de pensiones es un desafío doble para los países de la región.

Otro gran desafío de los países de la región en este contexto es implementar un sistema de cuidados. Diversos estudios (CEPAL, 2010; CEPAL, 2016) exponen que la demanda de cuidados en la región es alta y creciente, debido a que, a la necesidad de atender un número todavía grande de niños y niñas, se suma el aumento del número de las personas de edad o dependientes por sus condiciones de salud. Esto hace necesario implementar o reforzar sistemas nacionales de cuidados y proveer su financiamiento (CEPAL, 2016).

Desafíos transversales en cambio demográfico

Población femenina

Desde que se inició el proceso de envejecimiento en la región, se observa un predominio femenino entre las personas mayores y las proyecciones muestran que esto seguirá siendo así. Actualmente, el índice de feminidad (número de mujeres por cada 100 hombres) entre las personas mayores es de 122,7 y esta cifra no cambiará en los próximos 13 años (véase el cuadro 1). Solo se aprecia un leve descenso de este indicador en 2060 (115 mujeres por cada 100 hombres), aunque seguirá siendo favorable para las mujeres.

Cuadro 1: América Latina y el Caribe: número y proporción de personas de 60 años y más, según sexo, 2017-2060. (En miles y en porcentajes)

 numero y proporcion de personas de 60 años y más, según sexo, 2017-2060

Fuente: Naciones Unidas, “World Population Prospects: 2015.

Un cambio importante a observar en la población femenina, es el mayor número de mujeres mayores jefas de hogar. En las últimas décadas se ha aumentado el número de mujeres jefas de hogar. En 1990, menos del 40% de las mujeres mayores ejercía la jefatura de hogar en la región (solo el Uruguay superaba esta cifra). Actualmente, casi la mitad de las mujeres mayores ejerce la jefatura de hogar. Se destacan los casos del Brasil, República Dominicana, el Uruguay y Venezuela (República Bolivariana de), donde hay más de un 50% de mujeres mayores jefas de hogar.

Otra característica que ha aparecido en los últimos años es la tendencia a una vejez femenina acompañada. En 1990 los hombres mayores casados o unidos superaban el 65% mientras que los viudos representaban solo un 17%, las mujeres por su parte tendían en porcentajes menores a establecer nuevas relaciones y el porcentaje de viudas hasta la fecha continúa siendo relativamente alto (mayor al 30%). Sin embargo, en algunos países este porcentaje empieza a disminuir, y la proporción de mujeres casadas o unidas comienza a aumentar levemente hasta llegar a superar en algunos casos el 40%. Al parecer, las cohortes de mujeres más jóvenes que se han ido incorporando a la población adulta mayor tienden a cambiar el patrón sociocultural de no volver a unirse e intentan nuevas relaciones de pareja a edades mayores o se unen con hombres de menor edad.

Los pueblos indígenas y el envejecimiento

En términos generales, se observa que las poblaciones indígenas continúan siendo más jóvenes que las no indígenas. No obstante, la información reciente indica que se ha ido perfilando con mayor claridad una disminución del peso relativo de las nuevas generaciones, vinculada con el descenso de las tasas de fecundidad de los pueblos indígenas. Sin duda, ese fenómeno evidencia un cambio de las pautas reproductivas, al menos respecto de la cantidad de hijos que tienen en promedio las mujeres indígenas en la actualidad.

Las poblaciones indígenas más jóvenes se encuentran en Colombia y Panamá, donde no se observan señales claras de envejecimiento. Los contrastes entre población indígena y no indígena son notables en Panamá, el Brasil y Venezuela, debido al envejecimiento avanzado de la población no indígena. Una publicación reciente sobre pueblos indígenas en América Latina y el Caribe (CEPAL, 2017) indica que es necesario considerar que la composición por edades de la población indígena es diferente según los pueblos que se trate, puesto que la dinámica demográfica, y en particular la fecundidad, están íntimamente relacionadas con la organización cultural y social de cada pueblo en cada contexto territorial.

La población afrodescendiente

Bajo una primera mirada, los países con mayores proporciones de personas mayores afrodescendientes son de la Argentina, Cuba, Panamá, el Uruguay y Venezuela, países en donde superan el 10% del total de la población afrodescendiente, llegando a representar el 15,2% en Cuba; mientras que, en Bolivia y en el Ecuador el peso relativo de las personas mayores afrodescendientes no llega al 7%.

Gráfico 3: América Latina: Porcentaje de población de 60 años y más afrodescendientes y del resto de la población (Censos de 2010).

 Porcentaje de poblacion de 60 años y más afrodescendientes y del resto de la poblacion.

Fuente: Procesamiento especial de las bases de datos censales. La población no afrodescendiente excluye a la población indígena y los casos ignorados de condición étnico-racial. En el caso de Panamá, excluye casos de personas con edad no declarada.

Sin embargo, en la mayoría de los países se trata de poblaciones que son relativamente más jóvenes que las del resto de la población. Esto claramente se observa, por ejemplo, en Cuba y el Uruguay, países que ya se encuentran en una etapa de envejecimiento general, pero en los que sus poblaciones afrodescendientes son menos envejecidas. Sin embargo, en Honduras, Nicaragua, Panamá y Venezuela se tiene el comportamiento contrario: las poblaciones afrodescendientes más envejecidas que las del resto de la población.

Los roles en la vejez

Otra aproximación para analizar este fenómeno es considerar también los cambios que ocurren en el interior del hogar cuando uno o más de sus miembros envejece. Cuando se analiza la proporción de hogares en que hay uno o más personas mayores, los censos de la década de 2010 presentan cifras que se empinan sobre el 22% o incluso sobre el 38%. Si bien hay países que se ubican en etapas incipientes del envejecimiento, con porcentajes de personas mayores inferiores al 10%, en todos ellos el porcentaje de hogares supera el 23%, es decir que, en Bolivia, República Dominicana, el Ecuador, Venezuela, y México, 1 de 4 hogares tiene a lo menos una persona mayor residiendo en ellos.

Por otro lado, hay índices importantes acerca de personas mayores que viven solas en sus hogares. En la década de los noventa este porcentaje no superaba el 4% del total de hogares, solo Uruguay presentaba un porcentaje cercano al 10%. En la década de 2000 este porcentaje tiende a aumentar, Ciertamente los países más avanzados en el envejecimiento demográfico presentan porcentajes más altos: el Uruguay (12.5%), la Argentina (8.6%), Cuba y Chile (7.4%).

La vejez en soledad es aún mayor si se contrasta entre áreas urbanas y rurales. Estas últimas presentan un mayor porcentaje de hogares unipersonales de personas de edad. Esto es muy evidente en Bolivia, donde en las áreas rurales se duplica el porcentaje de hogares de personas mayores solas con respecto a la ciudad.

Diferencias territoriales entre campo y ciudad

Como la mayor parte de la población que migra desde áreas rurales hacia áreas urbanas se encuentra en edad laboral, el resultado es un envejecimiento prematuro del campo y una mayor concentración de las edades intermedias en las ciudades, junto con una sobrerrepresentación femenina (CELADE, 2003 y CEPAL, 2012).

Las áreas rurales de los países de la región sistemáticamente se encuentran en condiciones de desventajas sociales y económicas, pero también de acceso a servicios básicos, a servicios de salud de mayor complejidad y por cierto no siempre son expeditos los sistemas de protección social.

Con respecto al acceso a los servicios básicos, es importante considerar que un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida, es el derecho al agua potable. Las personas mayores que residen en áreas urbanas de la región tienen un mejor acceso a este servicio, puesto que el 88% de esta población cuenta con acceso a agua potable dentro de la vivienda. En condiciones menos favorables se encuentran las personas mayores de la región que residen en las áreas rurales, pues solo el 64% de éstas accede al servicio en su vivienda.

El acceso a la educación

En el pasado, un rasgo característico de las personas mayores era su nivel educativo más bajo, fruto de las desigualdades de acceso que este grupo de población había experimentado en su formación. Con el transcurso de las décadas esta situación tiende a cambiar, y un claro ejemplo es la disminución del porcentaje de analfabetismo en las personas mayores; tanto porque son generaciones que disfrutaron de un mayor acceso a la educación formal cuando eran jóvenes o; por una alfabetización más tardía, producto de importantes programas de alfabetización puestos en marcha por los estados.

Cuadro 2: América Latina (10 países): población analfabeta de 60 años y más, según sexo, censos de 1990, 2000 y 2010. (En porcentajes) poblacion analfabeta de 60 años y mas, segun sexo, censos de 1990, 2000 y 2010

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

Es alentador constatar que las generaciones que se incorporan a la población de personas mayores en esta década son más educadas que en décadas pasadas, y probablemente lo seguirán siendo en las siguientes.

Las situaciones de discapacidad

En términos generales, los porcentajes de personas con discapacidad en los países de la región no son tan elevados, según datos censales de la década de 2010 los valores oscilan entre un 5 y un 24 por ciento (González y Stang, 2014). Es importante considerar en este punto, que por recomendaciones internacionales y nacionales algunos países de América Latina mejoraron la captación en los censos de población de las personas con discapacidad en la década de 2010, particularmente pasando desde un enfoque biomédico a biosocial o social en la manera de preguntar por las limitaciones que presentan. Principalmente se indagó por las limitaciones en la visión, auditivas, de movilidad para caminar, para recordar o concentrarse, para realizar tareas de cuidado personal, y de comunicación.

Una característica que no puede olvidarse es que, a medida que continúe el avance del proceso de envejecimiento demográfico en los países de la región, es probable que las mujeres tengan una mayor representatividad en el grupo de personas con discapacidad. Esto merece la máxima atención desde la perspectiva de la política pública porque debido a las inequidades sufridas en el transcurso de su vida, las mujeres suelen pasar más años con limitaciones funcionales que los hombres. Para ellas, al igual que para los hombres —aunque en menor medida—, la enfermedad ha dejado de ser un momento agudo que generalmente desembocaba en la muerte para convertirse en un estado crónico que, sin los cuidados necesarios, deteriora de manera notable su calidad de vida en la vejez.

Nota: este artículo fue preparado a partir de los capítulos I y II del libro Envejecimiento, personas mayores y Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: perspectiva regional y de derechos humanos, Libros de la CEPAL, N° 154 (LC/PUB.2018/24-P), Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2018.

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