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Derechos humanos y desarrollo, al centro del debate sobre migración de América Latina y el Caribe

La migración genera beneficios para los países emisores y para los receptores. El número de migrantes de la región aumentó a 25 millones en 2005.

21 de marzo de 2006|Comunicado de prensa

El número de migrantes de la región aumentó desde 21 millones de personas en el 2000 a casi 25 millones en 2005, sumando el 13% del total mundial. Esta cifra revela la necesidad de impulsar medidas para la gobernabilidad de la migración internacional desde una perspectiva latinoamericana, facilitar la movilidad, potenciar externalidades positivas y protejer los derechos humanos de todos los migrantes, sostiene la CEPAL.

El documento "Migración internacional, derechos humanos y desarrollo en América Latina y el Caribe" fue presentado ante los delegados de los gobiernos reunidos en el Trigésimo primer período de sesiones de la CEPAL, que tiene lugar en Montevideo del 20 al 24 de marzo. Allí se ofrecen orientaciones para hacer frente a los desafíos y oportunidades para el desarrollo que presenta la migración, con un enfoque de los derechos humanos de los migrantes y sus familias.

México, la Comunidad del Caribe y Colombia, tienen la mayor cantidad de emigrantes, superando el millón de personas en cada caso. Otros nueve países sobrepasan el medio millón (Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Perú y República Dominicana) cada uno. En varios países caribeños más del 20% de la población se encuentra en el exterior, mientras que en América Latina los porcentajes más altos corresponden a Cuba (8,7), El Salvador (14,5), México (9,4), Nicaragua (9,6), República Dominicana (9,3) y Uruguay (8,3).

Estados Unidos sigue siendo el destino preferido. Hacia el 2004 había 18 millones de inmigrantes provenientes de la región y junto a sus descendientes nacidos allá ya son la primera minoría étnica del país. Entre sus características destacan los fuertes lazos que este grupo mantiene con sus países de origen. Por otro lado, casi la mitad de los latinoamericanos y caribeños vive en forma indocumentada.

El estudio de la CEPAL registra también la ampliación y diversificación de los destinos de la migración. Desde los años noventa ha aumentado el número de latinoamericanos que se dirige a Europa (en particular a España), Japón y Canadá, que se estima en 3 millones de personas. España es el segundo destino de la emigración regional, con 1,2 millones de personas en 2004.

Argentina, Costa Rica y Venezuela se mantienen como los principales destinos de la migración intraregional, aunque ahora hay países que combinan su condición de receptores con la de emisores, de tránsito y retorno (varios Estados insulares del Caribe, México, los países del Istmo Centroamericano y algunos del Cono Sur).

Estos migrantes suman 3 millones de personas y se desplazan entre países fronterizos o geográficamente cercanos, lo que coincide con las iniciativas destinadas a la facilitación de la movilidad en la Caricom, el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones.

Género, fuga de cerebros, remesas

La mitad de los migrantes internacionales de la región son ahora mujeres, que viajan muchas veces solas en busca de oportunidades laborales y se ocupan en servicios domésticos.

La migración calificada sigue causando pérdidas para los países emisores, y el potencial beneficio a través de la circulación y del retorno no parece materializarse. En todo caso, existen iniciativas en varios países para establecer vínculos con sus comunidades de emigrados y apoyar redes científicas asociadas a las diásporas. La situación de los países de economías más pequeñas preocupa por la emigración de profesionales, especialmente de sus enfermeras y profesoras. Los países más poblados experimentan igualmente pérdidas sensibles en áreas especializadas y su flujo constante amenaza las masas críticas de conocimiento.

Otro rasgo novedoso de la migración es el gran crecimiento de las remesas, que se han transformado en una de las principales fuentes de financiamiento externo para la región. México, Brasil y Colombia concentran más del 60% de las remesas percibidas en la región, y un 20% es captado por Guatemala, El Salvador y República Dominicana.

Las remesas reflejan la vinculación de los trabajadores migrantes y son un apoyo a la economía nacional que desafía a las políticas públicas. En países como Haití, Nicaragua y Honduras representan el 24%, 11% y 10% del PIB, respectivamente, y en economías más grandes como las de El Salvador y República Dominicana, el 14% y el 10%. Su utilización, su medición, los costos de transferencia, el potencial productivo, son temas de debate. Un estudio reciente de la CEPAL indica que su repercusión en términos de pobreza en toda la población es poco significativa, si bien para los hogares que las reciben son un ingreso estratégico.

Junto con ser una salida al desempleo y la falta de oportunidades, la migración internacional acarrea crecientes riesgos y vulnerabilidades. Los derechos humanos de muchos migrantes, ya sea a lo largo de sus travesías, durante su inserción en las sociedades de destino o durante el proceso de repatriación, suelen ser vulnerados de manera alarmante, señala la CEPAL.

En América Latina y el Caribe se da ahora una importante experiencia en torno a la gobernabilidad migratoria, posible de aprovechar para adoptar posturas conjuntas, y promover buenas prácticas con vistas al diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo previsto por las Naciones Unidas para este año.

Hoja informativa Desafíos y oportunidades para la gobernabilidad migratoria.

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