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¿Cuán sustentable es la Región Metropolitana de Santiago?: metodologías de evaluación de la sustentabilidad

diciembre 2007 | Documentos de Proyectos
Autor:
Barton, Jonathan R., Solis M., Oriana, Jordán Fuchs, Ricardo, León A., Silvia Mabel
Signatura:
LC/W.170
Páginas:
178 p. : gráfs., tabls.
Editorial:
CEPAL
Tipo:
Documentos de Proyectos
Colección:
    • Documentos de Proyectos e Investigaciones
      • Documentos de Proyectos e Investigaciones

Resumen

Debido al aumento proporcional de personas viviendo en centros urbanos, la necesidad de planificar estos centros y sus entornos es creciente y relevante en la actualidad. El camino hacia un desarrollo más sustentable es cada vez más una cuestión urbana en que las distintas dimensiones del desarrollo –económica, social, ambiental, institucional– se unen en la construcción de políticas públicas y la organización del espacio para aumentar los niveles de bienestar. Mientras que la historia reciente del desarrollo sustentable ha sido relativamente fuerte en crear orientaciones estratégicas hacia una planificación más integral, es solamente en los últimos años cuando se han priorizado las metodologías y los indicadores para la evaluación de intervenciones relacionadas. Entre las metodologías para evaluaciones de la sustentabilidad, que se han aplicado a distintas escalas espaciales y han generado resultados cuantitativos, se reconocen el índice de Bienestar Económico Sustentable (IBES), el índice de Progreso Genuino (IPG), la Huella Ecológica y el Análisis de Flujo de Materiales (AFM). Los resultados obtenidos se pueden contrastar con las mediciones tradicionales de desarrollo urbano y regional, en particular el PIB.El objetivo de esta investigación fue aplicar estas metodologías en el caso de la Región Metropolitana de Santiago de Chile (RMS). Debido a que el IBES y el IPG tienen características similares, el enfoque de análisis fue integrado dentro de una evaluación definida como IPG. La huella ecológica requiere muchos de los insumos del AFM para su cálculo, por lo tanto, también fueron aprovechadas las sinergias entre estos dos enfoques. Como resultado final se obtuvieron los cálculos basados en cada una de estas orientaciones. La huella ecológica para la RMS fue de 1,28 ha/per cápita (utilizando factores de rendimiento locales; la RMS requiere un territorio 5 veces mayor) y 3,6 gha/per cápita (con factores de rendimiento global; 14 veces su territorio), y un IPG que ha aumentado durante el tiempo comparado con el PIB regional. Más que los resultados en si, la intención fue examinar la utilidad de estas metodologías. Mientras que las dos metodologías pueden ser consideradas como contribuyentes potenciales a la formulación de políticas públicas, se identificaron varios obstáculos que permanecen, tanto en términos de calidad de datos, en el proceso de selección de variables y su ponderación, como en las formas que las metodologías pueden apoyar los procesos de toma de decisiones en políticas públicas.Entre las tres consideraciones más importantes del trabajo investigativo se destacan aquellas relacionadas con: el objetivo último del desarrollo sustentable; el aspecto de escalas espaciales, es decir, las maneras en que se puede fortalecer la relevancia local de las metodologías; y la naturaleza de las externalidades urbanas y regionales al igual que su mitigación. La definición del desarrollo sustentable y cómo ésta se relaciona a las ciudades– regiones debe ser clarificada para avanzar en el camino de esta forma de desarrollo. Para dichos propósitos, la definición de Brundtland es más que adecuada. Esta definición incluye el enfoque antropocéntrico sobre consideraciones de calidad de vida, la reducción de la pobreza y la equidad social en particular. Este objetivo último, de mejorar en este sentido el bienestar, no debe ser confundido con otros objetivos próximos.En términos de escalas espaciales, es evidente que un enfoque sobre áreas urbanas limita nuestra comprensión de los sistemas socio–ambientales. Eso debido a que los recursos se extraen de áreas cercanas, pero crecientemente desde distancias cada vez más lejanas, con propósitos de consumo y la generación de biproductos (a menudo residuos, emisiones y descargas) los cuales son depositados dentro de estas mismas áreas, generando una relación interdependiente; esta escala de interacción debe ser la que está sujeta a evaluación. Flujos similares también son evidentes en términos de movimiento de los individuos. En este sentido, el área político– administrativa de la RMS es más adecuada, debido a la disponibilidad de datos y su relación con la cuenca Maipo – Mapocho. A pesar del deseo de comparar ciudades, regiones y países, el objetivo principal de la sustentabilidad debe ser orientar la toma de decisiones en políticas públicas a niveles locales y regionales. Por esta razón, las variables más relevantes localmente deben ser utilizadas donde es posible, a pesar de ser discriminadas en métodos de evaluación para ejercicios de ranking. Este factor es especialmente relevante para la biocapacidad de ecosistemas regionales y para la especificidad cultural de sociedades (priorización y posibles intervenciones).La toma de decisiones en políticas públicas debe responder a estas características locales, y debe ser apoyado por las metodologías y los cálculos resultantes que también siguen esta lógica.Finalmente, una característica que une estas metodologías es cómo se seleccionan, priorizan y valoran las externalidades urbanas, tanto positivas y negativas. Debido a que el objetivo de la gestión del sistema de la ciudad–región es aumentar el bienestar (inter e intrageneracional), tomando en cuenta las capacidades de los sistemas naturales que sustentan la población, es central en la toma de decisiones la mitigación de las externalidades negativas y la maximización de las externalidades positivas. Esto se puede ver, por ejemplo, en el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica, el tratamiento de agua servidas y en la estrategia de transporte público de la RMS. Lo que ofrecen estas metodologías para la evaluación de las externalidades, y en consecuencia la sustentabilidad del sistema, es que se pueden ver en forma territorial, a través del AFM y la huella ecológica, y también en términos de su relación con el PIB en el caso del IBES–IPG.

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