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Políticas sociales, familia y trabajo en la América Latina de fin de siglo

octubre 1997 | Políticas Sociales
Autor:
Arriagada, Irma
Signatura:
LC/L.1058
Páginas:
51 p. : tabls.
Editorial:
CEPAL
Tipo:
Políticas Sociales
Colección:
    • Series
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Resumen

Los cambios demográficos, sociales y económicos ocurridos en América Latina cuando nos aproximamos a un nuevo siglo, han modificado de manera muy importante las estructuras y las funciones familiares. Con el objetivo de conocer mejor la situación actual de las familias, en la primera parte de este texto, sobre la base de información cuantitativa, se caracteriza la complejidad y diversidad de la familia urbana distinguiendo tipos de familia y etapas del ciclo familiar en varios países de América Latina y su relación con la vulnerabilidad económica y con la participación laboral de sus miembros. La elaboración de esta información para América Latina cumple propósitos comparativos y de seguimiento de tendencias, pero sobre todo de diagnóstico cuantitativo para el adecuado diseño de políticas.
La desigualdad entre familias es un tópico ampliamente desarrollado desde la perspectiva demográfica, económica y social, por los estudios sobre la constitución de las familias, y las mediciones de acceso al consumo, de pobreza y de distribución del ingreso, y de cobertura en salud, educación, vivienda y seguridad social, entre otros. Por su parte, la desigualdad en el interior de la familia es un tema reciente y tiene relación con los estudios de género y con el interés por mejorar las condiciones de vida de las mujeres y los niños. Considerando ambos aspectos, en la segunda parte se analiza información estadística sobre ciertos temas referidos a los cambios materiales por los que han atravesado las familias y a las nuevas representaciones sobre esos cambios. Así, por una parte se destacan ciertas carencias de las familias, con el análisis de la jefatura femenina del hogar y su relación con la pobreza, junto con la violencia intrafamiliar; y por otra, las contribuciones económicas de mujeres e hijos al hogar, y el aporte del trabajo doméstico, realizado por mujeres, al mantenimiento de la sociedad.
Finalmente, en la última sección se sugieren algunas formas de apoyo al ejercicio de ciertas funciones de los grupos familiares, acordes con el tipo de familia y la etapa del ciclo de vida familiar en el que se encuentran. Sin embargo, definir cuáles son las funciones específicas que se debieran reforzar según tipo y ciclo familiar, no debe conducir a soslayar la preocupación por las funciones básicas que permiten que las familias puedan sostenerse en el tiempo: acceso a los recursos materiales y cobertura de servicios básicos como vivienda adecuada, salud, educación y seguridad social. El cumplimiento de estas funciones mínimas, de hecho, puede ayudar a ampliar los cauces de movilidad social de las familias y a la construcción de estructuras familiares más democráticas.
Sin duda no puede cuestionarse la permanencia de la institución familiar, la que persistirá en el siglo XXI con estructuras cada vez más diversas y probablemente con cambios en sus funciones. Pero en estos tiempos que buscan ampliar las opciones no sólo económicas y políticas, sino las sociales y culturales, cabe interrogarse por las tensiones y las opciones que la familia deberá enfrentar, y por la función pública que fortalezca proyectos familiares sólidos y democráticos, donde los derechos de todos los miembros de la familia sean respetados.

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