El potencial desarrollo del mercado interno de biocombustibles en Ecuador se identifica con iniciativas privadas y públicas.
La producción de biocombustibles y su exportación han sido impulsadas por la iniciativa privada que ha visto en el mercado internacional nuevas oportunidades comerciales. Las principales destilerías de alcohol producen etanol a partir de la caña de azúcar y las productoras más modernas de aceite producen biodiesel a partir de la palma africana. Esos emprendimientos han sido posibles debido a las inversiones de riesgo realizadas que han ampliando la respectiva capacidad de producción respecto a la que hubieran tenido si se hubieran restringido a la producción de insumos tradicionales para el mercado interno o externo. La avidez de los mercados externos por los biocombustibles abrió nuevas perspectivas a los productores locales con precios relativos más atractivos que los de las materias primas que en ambos casos ya se exportaban. Los efectos de esas iniciativas generaron externalidades a partir de la expansión de la ocupación directa e indirecta, aumento de los tributos que percibe el Estado e impactos a lo largo de la cadena agroindustrial asegurando a los productores de caña de azúcar y de palma africana un mercado para sus productos, trabajo rural, incentivos a la expansión de los cultivos y a la aplicación de tecnología e innovación para mejorar los rendimientos de las especies con el objetivo de lograr mayor competitividad. Todo ello sin poner en riesgo la situación alimentaria nacional y sin afectar el estado de la naturaleza. Sin esas iniciativas Ecuador se encontraría en el momento cero del desarrollo de los biocombustibles.
La iniciativa pública se origina luego, a fines del 2004, con la creación del Consejo Nacional de Biocombustibles de cuyo trabajo deriva la propuesta de implantar un Plan Piloto en la ciudad de Guayaquil para el uso de gasolinas mezcla con etanol (E5) con proyección al resto del país aumentando la mezcla (E10) y el Programa de Biodiesel con una mezcla diesel oil y biodiesel inicialmente moderada (B10). Se abrió así una nueva expectativa para los productores locales de biocombustibles, para los productores agrícolas y para los gremios en vista del complementario Plan Agrícola Nacional de agosto del 2007 que tiene como objetivo, dentro del programa de biocombustibles, ampliar la superficie de caña de azúcar y de palma africana en 50.000 has respectivamente para esos fines. También, por las mayores oportunidades de empleo y menor impacto ambiental que derivaría de la concreción de esos proyectos. En el área rural por la expansión de las áreas verdes sobre las tierras improductivas o maltratadas por una explotación que no les devuelve sus nutrientes y en las que los cultivos fijarán emisiones de CO2, sin necesidad de avanzar la frontera agrícola sobre las áreas protegidas o intangibles. En las áreas urbanas por el menor impacto ambiental respecto a los derivados de los combustibles fósiles no renovables que en parte serían sustituidos por recursos renovables como los biocombustibles, reduciendo así el gran costo para el Estado de los derivados importados que erosionan los recursos para el desarrollo. Esos efectos ambientales favorables han sido confirmados por el ambiente científico ecuatoriano y del exterior y por el desarrollo de biocombustibles que los países de mayor avance relativo de Europa propician dada su elevada sensibilidad por cuidar el hábitat de las personas.
Un Programa de Biocombustibles como el que se pretende impulsar en Ecuador desde el Estado estimulará el crecimiento económico, posibilitará una mayor equidad al ampliar las fuentes de trabajo y mejorar ingresos y favorecerá el ambiente. Desde esa perspectiva se propicia el desarrollo sustentable de Ecuador. Los ejes de ese proceso de desarrollo se identifican a lo largo de las cadenas de cada biocombustible comenzando por la demanda que enfrenta a la oferta de energía, seguida por la agroindustria y la agricultura y se cruzan transversalmente con los ejes institucional, económico y social, tecnológico y ambiental.
El eje de la demanda tiene como principal consumidor de combustibles al sector transporte para los distintos usos vehiculares de personas y carga y a la generación térmica de electricidad cuyo peso en los consumos energéticos tradicionales, gasolinas y diesel oil derivados del petróleo, es de gran significación. Solo esos consumos del sector transporte representan en unidades equivalentes el 50,1% de la energía final consumida en el país. El sector transporte se caracteriza por un parque relativamente nuevo respecto a otros países de Latinoamérica ya que el 50,0% del mismo se ha renovado y crecido incorporando unidades nuevas de producción nacional y extranjera en los últimos 10 años. Ese crecimiento ha sido espontáneo y favorecido por una política de libre importación y liberaciones en casos específicos aún cuando el país es productor y exportador de automotores y por subsidios de vieja data a los combustibles, donde el precio al usuario en surtidor de la gasolina de mayor octanaje es de 2.09 US$/galón y el del diesel oil de 1.03 US$/galón. A ello se agrega hasta hace pocos meses el uso en infracción de gas licuado de petróleo (GLP) en el 16% de los taxis en circulación que ha sido convalidado recientemente por el Poder Ejecutivo al propiciar su extensión al resto del parque de taxis a un precio de 5 US$ el equivalente a los 15 kg, también significativamente subsidiado. De esos combustibles utilizados por el parque vehicular, las naftas de alto octano (NAO) y diesel oil premium para mejorar las mezclas de la gasolina y diesel oil de producción local y el GLP son importados en elevados porcentajes sobre la producción nacional y al respectivo precio internacional. En ese contexto el Programa de Biocombustibles no registra antecedentes de estudios relacionados con las características del parque automotor ni intervención del Ministerio de Transporte en el mismo. Por su parte, los precios subsidiados de los combustibles mencionados pueden dificultar la penetración de los biocombustibles en el mercado local a menos que se aplique una política de subsidios equivalente a los productores nacionales de etanol y biodiesel. Si bien las buenas intenciones gubernamentales se reflejan en lo actuado por el Consejo Nacional de Biocombustibles se evidencian demoras en la implementación de los programas en que ha enfocado su trabajo desde una óptica exclusiva por el lado de la oferta ignorando los aspectos pertinentes de la demanda que será la que avalará la penetración de los biocombustibles en el mercado y cuyo manejo (DSM) ofrece posibilidades para un uso racional y eficiente del parque automotor. No obstante, son de destacar los controles periódicos de emisiones del parque vehicular y sobre su funcionamiento bajo condiciones mínimas de seguridad que son requisito indispensable para su circulación.
La cadena de biocombustibles se abre, a partir de la demanda del sector transporte, en el eje energético cuya oferta de combustibles mezcla (gasolina E y diesel B) será de competencia de Petrocomercial, subsidiaria de Petroecuador, que fungirá como comercializadora mayorista y operadora de las unidades de mezcla. Las estaciones de servicio para la distribución minorista aún no estarían en condiciones de operar en Guayaquil. De acuerdo a la información las unidades de mezcla de gasolina y las proporciones de NAO, gasolina y etanol estarían operables en el Terminal Pascuales con la formulación ya aprobada mientras que las de biodiesel aún están a la espera de las evaluaciones, en el Terminal El Beaterio, del biodiesel de producción local que se exporta a Estados Unidos con las certificaciones correspondientes. El Plan Piloto para Guayaquil que tendría que haber comenzado a fines del 2006 aún no define fechas de puesta en marcha en vista de que aún no se han tomado decisiones pendientes en el Consejo Nacional de Biocombustibles. Los insumos para las mezclas de combustibles E y B provienen a su vez de la actividad de refinación de petróleo por Petroindustrial, subsidiaria de Petroecuador (gasolinas y diesel oil) y de la actividad de las destilerías de alcohol (etanol) y producción de biodiesel que son empresas de propiedad privada que han ofrecido a Petrocomercial las muestras y asistencia tecnológica sobre las características de su producción y ofertado un precio para el etanol especificado que aún no tiene acuerdo. Tampoco parece haberse avanzado en los estudios ambientales que se habían requerido realizar en Guayaquil antes de iniciar la comercialización de biocombustibles. La producción de gasolinas, diesel oil y GLP por las refinerías de Petroindustrial se caracteriza por ser insuficiente para el mercado local debido a los bajos rendimientos de productos livianos, de mayor valor, dada la obsolescencia y reducido mantenimiento de las unidades de proceso que no se han adecuado a los crudos cada vez más pesados provenientes de los campos petroleros en producción. La producción de petróleo es realizada por Petroproducción, subsidiaria de Petroecuador y compañías privadas que operan bajo contratos de participación con Petroecuador. La reducida inversión de la empresa estatal y sus bajos rendimientos han llevado a que el liderazgo de Petroproducción haya tenido una participación decreciente en la producción que fue contrarrestada por los mejores rendimientos de las compañías privadas que han reaccionado oportunamente ante el alza de los precios del petróleo el mercado internacional. Por su parte, la producción excedente de etanol y biodiesel por empresas privadas se exporta en su totalidad ya que no existe aún un mercado interno para su comercialización por las razones expuestas precedentemente. Esa exportación es creciente y con destino cada vez más diversificado para el etanol, siendo Colombia el principal comprador. En el caso particular del biodiesel los mejores precios relativos respecto a la materia prima, el aceite crudo de palma que también se exporta, tiende a sustituir a su exportación a partir de inversiones en expansión de capacidad de las plantas de biodiesel y con destino a Estados Unidos.
A la cadena energética se acopla la cadena de productos de origen en la biomasa, caña de azúcar y palma africana, identificándose el eje agroindustrial que produce jugos de caña y destila alcohol y aceite crudo de palma y aguas arriba el eje agrícola que produce caña de azúcar y frutos de palma africana. Estos ejes dependen de la iniciativa privada y ensamblan razonablemente entre sí sobre la base de la coordinación por el mercado y con cadenas de pago que operan bajo el sistema de precios de transferencia en cada etapa.
En el eje agroindustrial la producción de alcohol se comparte con la de azúcar y melazas que se destinan principalmente al mercado interno. Al respecto no se han observado competencias entre esos productos que pongan en riesgo el abastecimiento de alguno de ellos. Esas actividades están ligadas a los ingenios azucareros y a la industria del alcohol y se agrupan en la Asociación de Productores de Alcohol del Ecuador (APALE) que promueven, a través de sus laboratorios y centros de investigación, mejoras en los rendimientos de las especies de caña de azúcar. La producción de aceite crudo de palma la realizan las empresas aceiteras que obtienen conjuntamente otros derivados para uso doméstico en el mercado interno. El excedente de aceite se exporta con buenos precios en el mercado internacional. Las empresas aceiteras se agrupan en la Asociación Nacional de Cultivadores de Palma Africana (ANCUPA) y la Fundación de Fomento de Exportaciones de Aceite de Palma y sus derivados (FEDAPAL).
El eje agrícola esta ubicado geográficamente en la línea ecuatorial que le permite tener un clima estable casi todos los meses del año con consecuencias positivas para la agricultura. El agro ecuatoriano se caracteriza por un esforzado trabajo, tanto de la población ancestral que encuentra en la explotación intensiva de sus pequeñas parcelas de tierra su sustento diario y que comercializa los excedentes con magros ingresos, como de los inversores locales que han visto en las actividades con potencial agroindustrial oportunidades de negocios y que en varios casos sus productos se exportan con reconocido prestigio internacional por su calidad. Sin embargo, la expansión de los mercados se ha frenado a veces por la volatilidad de los precios internacionales y sistemáticamente por los subsidios agrícolas en Europa y Estados Unidos que han impedido que por sus ventajas comparativas ciertos productos agrícolas no puedan competir en esos mercados. Así, el agro ecuatoriano, pudiendo, no ha crecido como se esperaba. Las circunstancias ambientales y energéticas actuales dadas por el creciente calentamiento global y los elevados precios del petróleo y sus derivados, que también se espera continúen creciendo por agotamiento, han generado nuevas expectativas en las fuentes nuevas y renovables de energía con base en la biomasa.
Es de destacar el fuerte crecimiento de la superficie sembrada de caña de azúcar cuyo potencial de tierras aptas está explotado en apenas un 20%. En 2005, la superficie total sembrada fue de 135.000 has que se distribuían para la producción de sus tres principales derivados: azúcar 75.000 has, panela y aguardiente 50.000 has y para etanol 10.000 has. En los últimos 30 años, se observa la dependencia de una sola variedad de caña de azúcar, "Ragnar", de origen australiano. Esta variedad ocupa actualmente alrededor del 80% de la superficie cultivada y está expuesta al ataque de plagas y enfermedades, que pondrían en riesgo a la industria nacional. Derivó de ello la necesidad de evaluar el germoplasma y realizar cruzamientos para lograr una variedad resistente adaptada al medio rural ecuatoriano. En vista de ello, algunos productores han previsto introducir una nueva variedad de caña de azúcar "nova caña" de origen colombiano que es superior en rendimiento a la "brasilia" o a la "puerto rico" dado que tiene más volumen en el tallo y más jarabe. El cultivo de caña de azúcar se da en tres regiones: Litoral, Sierra y Amazónica. La distribución por provincias del área cultivada con caña de azúcar, ordenada por tamaño, indica que el 90% de la superficie sembrada se concentra en 9 provincias siendo la del Guayas, en el Litoral, la de mayor extensión sembrada en el país. El rendimiento en toneladas por hectárea de la caña de azúcar producida en Ecuador (78 t/ha) se encuentra por debajo del de Colombia (122.9 t/ha) que es el más elevado en América, seguido por el de Perú (102.4 t/ha), Nicaragua (101 t/ha) y Guatemala (90.5 t/ha). El resto de los países tienen rendimientos inferiores a Ecuador. La cosecha de los productores agrupados en la Unión de Cañicultores del Ecuador (UNCE) se distribuye entre los ingenios agrupados en la Federación Nacional del Azúcar (FENAZUCAR) y los productores de alcohol agrupados en la Asociación de Productores de Alcohol del Ecuador (APALE) que procesan la materia prima de la cual se extraen los derivados. El Plan Nacional Agropecuario ha previsto recientemente incrementar en 50.000 has, en los próximos 4 años, la superficie sembrada de caña de azúcar para la producción de etanol. Esas 50 mil nuevas hectáreas de caña de azúcar, se encontrarían disponibles principalmente en la cuenca del Guayas que podría aportar unas 20 mil hectáreas y el resto, con una menor superficie, distribuido en otras provincias distribuyendo nuevas oportunidades de empleo.
La palma africana cultivada en Ecuador (Elaeis guineensis J.) es originaria de África occidental de donde pasa a América introducida después del descubrimiento. En América los mayores productores son Colombia y Ecuador. Fue introducida en Ecuador en el año 1952 y su expansión comercial se inició a partir de 1965, año en el que habían aproximadamente 1.300 has, sembradas en la zona de Santo Domingo de los Colorados, Provincia de Pichincha. En 2005 la superficie llegó a 207.285 has, distribuida entre la Costa y el Oriente Ecuatoriano, en zonas con buenas condiciones para el cultivo. La mejor adaptación de la palma africana se da en la franja ecuatorial entre los 15° de latitud norte y sur donde las propiedades ambientales son estables y la temperatura, con una media de 28°C, se considera óptima para los procesos fotosintético, respiratorio y de crecimiento. Es la oleaginosa perenne de mayor productividad y rendimiento de aceite por unidad de superficie, superando en 3 a 4 veces a las oleaginosas de ciclo corto. Comercialmente tiene un promedio de vida de 24 a 28 años dependiendo del germoplasma cultivado. El fruto produce como principal derivado aceite que puede ser transformado en biodiesel. La palma produce racimos de frutos que pueden alcanzar más de cuatro toneladas durante todo el periodo productivo que significa unas 600 toneladas acumuladas de fruta por hectárea cuando el proceso productivo se desarrolla en condiciones optimas de suelo, clima, nutrición, mantenimiento, sanidad y administración. Es de interés del sector palmicultor de Ecuador, incrementar la productividad de la palma. Si bien los rendimientos por hectárea han crecido, se considera necesario reforzar y ampliar la investigación agronómica. La superficie sembrada casi se triplicó en los últimos 11 años registrados. La producción de palma africana se concentra en cinco provincias con más del 90%, siendo la más importante la de Esmeraldas con casi el 40% de la producción total. En esas provincias se encuentra el mayor número de establecimientos variando el número de propietarios en ellas. Pero, es interesante destacar que la superficie por productor se encuentra en promedio en casi 40 has lo que da cuenta del carácter intensivo de estas explotaciones. El Guayas es la excepción con cerca de 90 has por productor concentradas en un bajo número de predios. El Plan Nacional Agropecuario recientemente ha previsto incrementar en 50.000 has., en los próximos 4 años, la superficie sembrada de palma africana para la producción de biodiesel. Los palmicultores están asociados en su mayoría a la Asociación Nacional de Cultivadores de Palma Africana (ANCUPA) que agrupa a los cultivadores de la oleaginosa, así como a los extractores de aceite y de palmiste dentro del territorio nacional. El propósito fundamental del Programa de Investigaciones de ANCUPA, es generar tecnología apropiada que al ser adoptada por el palmicultor, a través del Programa de Transferencia, contribuya con el incremento de la productividad de aceite, en las zonas ecuatorianas actualmente sembradas con palma aceitera.
El fomento a las plantaciones de piñón (Jatropha Curcas) en la provincia de Manabí forma parte de una estrategia más amplia para combatir los procesos de erosión y desertificación que afectan a algunas regiones de la provincia. El objetivo de este proyecto piloto consiste en la producción de aceite de piñón para ser utilizado en la generación de electricidad, como complemento de los proyectos de generación eólica y solar de electricidad en la provincia de Galápagos. La complementariedad y las sinergias que se crean bajo los dos objetivos: energías limpias para Galápagos y el combate de la erosión y desertificación en Manabí, son múltiples. Por una parte, se ataca de manera simultánea los problemas ambientales que afectan a dos provincias del país, se alivia el problema de abastecimiento energético en Galápagos y se contribuye al desarrollo económico y social de pequeñas organizaciones campesinas de Manabí.
Desde la perspectiva productiva, industrial y comercial privadas se han logrado avances que los mismos agricultores y empresarios no deben haber esperado al momento de iniciar sus actividades. El nuevo mercado mundial de biocombustibles para reducir la dependencia del petróleo y las presiones derivadas del calentamiento global le ofrecen en el presente a los ecuatorianos la singular oportunidad para ser exportadores de biocombustibles. Ello no hubiera sido posible sin una visión emprendedora y libre de ataduras burocráticas frente a los problemas de gobernabilidad de los últimos diez años y crisis económicas derivadas de un Estado ausente que llevó a que el riesgo país estuviera entre los más altos de Latinoamérica y a que su Indice de Desarrollo Humano lo ubique en la posición 83 entre los países de Mundo.
Si el Estado tomara la posta con igual creatividad y empeño, como aparece en las intenciones del Gobierno, es posible que se concrete el Programa de Biocombustibles. Mientras tanto se observa un estancamiento en las decisiones y en la operatividad de los funcionarios mientras el país pierde recursos para su desarrollo. Entre las tareas pendientes en cada eje cabe mencionar.
El Eje político. La dinámica estatal, si bien su enfoque tiene buenas intenciones, se encuentra trabada por la burocrática organización que no permite "mando y control" en el Programa de Biocombustibles. En esas condiciones ninguna empresa, pública o privada sería operativa. Siendo la coordinación del Programa atribución del ámbito energético parece conveniente que se identifique en cuál de ambos ministerios de competencia energética, Ministerio de Minas y Petróleo o Ministerio de Electricidad y Energía Renovable, caerá la responsabilidad de implementar el Programa y además se le otorguen todas las facultades decisorias y financieras para concretarlo.
El Eje energético. Es llamativo que siendo Ecuador un país exportador de petróleo y derivados pesados, además dotado de un enorme potencial hidroeléctrico, se vea obligado a importar volúmenes cada vez mayores de combustibles y electricidad para satisfacer su consumo interno. La dependencia externa creciente para el abastecimiento energético ha ido socavando una de las condiciones básicas para el desarrollo sostenible del Ecuador como es el de la seguridad energética. La situación sugiere alternativas de diversificación energética que son posibles, más si se tienen en cuenta las limitaciones reales de las reservas hidrocarburiferas, cuyo horizonte tiende a reducirse en un futuro no muy lejano no solo por la falta de inversiones sino por la simple razón de que se trata de recursos agotables. El agotamiento de esa riqueza, si no interviene algún proceso de cambio para gestar nuevas alternativas que permitan cobrar importancia a otras actividades se presenta como un riesgo para la economía y para la sociedad en su conjunto.
En el contexto de problemas señalados parece necesario abordar la situación con medidas que no solo resuelvan las urgencias de corto plazo sino también con otras que se anticipen a los problemas de mediano y largo plazo. El desarrollo de los biocombustibles, dados los estudios que está realizando Ecuador, aparece como uno de los posibles medios para amortiguar los impactos de esos problemas, aunque no su solución. Aún se está lejos de la posibilidad de que en Ecuador los biocombustibles sean sucedáneos de las gasolinas o del diesel. No obstante, pueden ser un puente hasta que la nueva refinería entre en operación, lo mismo que la captación del gas natural venteado de oriente para amortiguar, mediante su tratamiento en Sushufindi, las importaciones de GLP y además con el gas residual sustituir diesel para la generación de electricidad. Si la nueva refinería cumple con las especificaciones previstas por Petroecuador, se producirán excedentes de derivados livianos exportables (GLP, gasolina y diesel) y concurrentemente podrán exportarse cuotas de biocombustibles (etanol y biodiesel) en la medida que se mantengan las mezclas iniciales y se desarrolle su producción. De lo contrario, si aumentan las mezclas se generarán mayores excedentes de livianos exportables en las refinerías. Lo cual indica efectos financieros positivos en un caso u otro. Ello dependerá de qué es más conveniente, luego de una evaluación que tenga en cuenta a todos los factores que inciden en cada cadena energética y sobre el ambiente, además de las externalidades.
El Eje agrícola. Las circunstancias ambientales y energéticas actuales dadas por el creciente calentamiento global y los elevados precios del petróleo y sus derivados, que también se espera continúen creciendo por agotamiento, han generado nuevas expectativas en las fuentes nuevas y renovables de energía con base en la biomasa. La circunstancia es propicia para el agro ecuatoriano que puede recibir los beneficios derivados de su contribución a la producción de energéticos de gran demanda en el mercado internacional y en los próximos años en el mercado local en vista de las expectativas gubernamentales de sustituir gradualmente los contenidos de los combustibles tradicionales de uso en el parque automotor y generación térmica de electricidad por biocombustibles.
El Eje industrial. Si los precios de los biocombustibles propuestos por el sector industrial privado tienen bases razonables no parece realista que Estado pretenda fijarles condiciones opuestas a las que acepta en el mercado internacional de combustibles. Este es un aspecto central de las demoras en poner en marcha el Programa Nacional de Biocombustibles, ya que si se pretende que los industriales actúen dentro de las reglas del mercado los precios tienen que estar en consonancia para que las inversiones de riesgo se realicen.
Eje Económico social. La demora en la toma de decisiones por el Consejo Nacional de Biocombustibles se sustenta en gran parte en el pedido de informes, estudios y en su permanente revisión creándose así una maquinaria de impedir que implica un gran desgaste para las partes en juego, más con los cambios institucionales y los nuevos interlocutores del ámbito político ya que lo que se discute son en su mayoría aspectos que deberían tener cierta flexibilidad para los ajustes a realizar gradualmente sobre la marcha, dadas las evidentes ventajas que derivarían de poner en ejecución el Plan Piloto Guayaquil. Mientras, tras el escenario se han creado expectativas entre los productores agrícolas y la agroindustria que en definitiva, con la demoras, pueden interpretar como promesas incumplidas del poder político. En el lapso de las indefiniciones Petroecuador ha continuado acumulando las pérdidas que se han expuesto precedentemente. Parece razonable una evaluación crítica de la operatividad del Consejo Nacional de Biocombustibles y encontrar soluciones que hagan más ejecutivo el proceso.
El Eje Tecnológico. Las organizaciones de productores agrícolas e industriales han hecho grandes esfuerzos en el desarrollo de tecnología creando centros especializados de investigación e innovación. En la medida que continúen en esa dirección desarrollando su capital humano e invirtiendo en equipos que faciliten la investigación se verán progresos en los rendimientos y eficiencia en las plantas de procesamiento.
El Eje Ambiental. El desarrollo sustentable es interpretado en algunos ámbitos como una cuestión ambiental. Esa visión que puede ser atendible en países con elevado nivel de desarrollo, donde los aspectos socioeconómicos han superado las necesidades humanas y productivas, es diferente en Latinoamérica en donde las asimetrías sociales son notables y el crecimiento económico atado a las veleidades de la globalización y subsidios proteccionistas que la contradicen. Muchos años llevó, en trabajos conjuntos de CEPAL, OLADE y GTZ con los países de la región, definir una visión compatible con su desarrollo sustentable y que se basó en tres dimensiones: crecimiento económico, equidad social y protección ambiental. Desde esta última visión la sustentabilidad del desarrollo se logra cuando en esas tres dimensiones las políticas de Estado se concretan sin desmedro de alguna de las otras. Desde esa última visión se interpreta que no existe el mismo código de comunicación entre las autoridades del Estado y que en la libre interpretación de las palabras las acciones derivadas de la política no van en la misma dirección. De aceptarse la última visión la cuestión ambiental debería en su dimensión guardar equilibrio con las otras dimensiones a riesgo de paralizar, por aceptarse la primer visión, el desarrollo sustentable del país.
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